Lugares (casi) infalibles para invitar a alguien a salir por primera vez (pt.1)

Para invitar a alguien a salir por primera vez: esta es una lista de los lugares que nos parecen más adecuados para conocer a alguien y pasarla bien.

Un buen lugar para salir con alguien por primera vez debe ser lo suficientemente interesante para que la atención (y tensión) se diluya en decoraciones raras, buena música, asistentes fuera de lo común, helado delicioso, anécdotas increíbles, animales o plantas. Que haya lugares a donde voltear –donde reposar la mirada en caso de incomodidad–. Pero que también uno esté cómodo, entretenido, sin demasiado reparo.

Fuera de algunos puntos comodines (que también nos gustan mucho) como la Cineteca, el Espacio Escultórico o algún museo o bar que no falla (Pizzas Felix, por ejemplo), esta es una lista de planes interesantes, raros o divertidos para conocer mejor a alguien.

Estos lugares ya los reseñamos, porque todos nos parecen realmente especiales. Si quieres leer más sobre ellos, da clic en “leer más” y entérate bien de qué va cada uno <3

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Lotería

Cada martes a las 8pm en punto se celebra el sorteo mayor de la Lotería Nacional en la Tabacalera. Este es uno de los mejores planes (con un toque raro) que uno puede hacer en la Ciudad de México. Y sobre todo hacerlo acompañado. Para empezar porque el edificio es maravilloso y el auditorio donde sucede el sorteo mayor es también muy especial: tiene forma de abanico, un escenario con 507 butacas y un techo hermoso, con tragaluces en forma de rombos que cubre todo el salón.

En ésta su casa de la suerte y la fortuna, la diosa llega exactamente a las 8 en punto” y suena un campanazo marcando el inicio del sorteo. Después agrega: “señoras y señores, recibamos en este escenario con un gran aplauso a los emisarios de la suerte y de la fortuna, las niñas y los niños gritones de Lotería Nacional”. (Los niños gritones dirigen todo el espectáculo. Es una tradición que se remonta a 1771, cuando contrataban niños huérfanos de 15 y 16 años que supieran leer para hacer el trabajo).

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Especial de París

En la Especial de París uno encuentra el mejor helado de vainilla de la ciudad y un rincón cálido, con 100 años de historia, para pararse a platicar. Es color melón, tiene recortes de periódico viejo, fotos antiguas que cuelgan de la pared, y un neón que dice en manuscrito el nombre de la heladería. Pero que ya nadie enciende. Hay sabores más raros en la carta, como para probar cosas totalmente nuevas. Por ejemplo, helado de tabaco, de aceite de oliva, de cardamomo, jengibre, queso de cabra con sultanas de coñac, y helados de temporada como calabaza en tacha, mazapán o granada.

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Sputnik original en Lindavista

Hay hallazgos urbanos que a uno le devuelven la ilusión casi infantil de vivir en esta ciudad –y de compartirlo con alguien más–. Como que hay un Sputnik original colgado del techo de un museo interactivo en Lindavista. Nuestro Sputnik, anónimo, con prótesis de antenas porque las originales se “perdieron” en algún momento, cuelga del techo del Edificio Constelaciones, enseguidita del Planetario Luis Enrique Erro, que ya andando en esas, también hay que visitar. Con sus cuatro antenas alargadas, el Sputnik parecía un insectoide cuando llegó a México… y así se le llamó a este “bicho espacial” que casi nadie sabe que llegó directito de Rusia a la ciudad.

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Orquideario en Parque Bicentenario

En el orquideario de Azcapotzalco hace un calor “chiapaneco”, húmedo. Entrar en este invernadero donde viven cientos de especies de orquídeas, es como entrar en un bosque tropical inventado, pues hay helechos, palmas y encinos que las orquídeas necesitan para sobrevivir. Hay algo realmente fantástico aquí, donde niños y adultos, pero sobre todo adultos, deambulan por los pasillos mientras susurran nombres científicos y apodos precisos de cientos de especies de orquídeas, esa familia de seres eróticos y desconcertantes del reino vegetal.

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Tokyo Music Bar

En Tokyo Music Bar hay tragos servidos en cristal japonés, selección de música en viniles, no más de 10 mesas redondas de mármol verde y gabinetes de terciopelo rosa. La luz es amarilla y perfecta. Para ir Tokyo lo más recomendable es reservar con anticipación y tener en mente que es algo caro (un coctel cuesta alrededor de $200 pesos), pero la intimidad del espacio y (de nuevo) detalles como su cristalería –que es como levantar el puro líquido con la mano– matizan la experiencia.

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El sótano de Alba en la Juárez

El sótano de Alba es oscuro tiene una barra, 10 mesitas y muchos vinos especiales. Además tienen cervezas, tapas y el primer sake mexicano (que sabe a ciruela y deja en la boca un gusto seco y dulzón). El ambiente es informal y tranquilo; nadie hace demasiadas preguntas ni complicaciones. Hay vinos buenos y de muchos tipos, y hay copas de 3 onzas o de 5, por si uno quiere probar distintos. En una primera cita el vino puede ser la pláica que rompa el hielo (sin el tono pretencioso que algunas veces acompaña este tema). La copa más barata está en 80 pesos y en general, los precios son muy accesibles.

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Leo’s Ristorante Italiano

En Leo’s hay pizza deliciosa e interminables botellas de chianti. Leo’s no es un secreto, pero tampoco es reconocido como –en nuestra opinión– debería serlo. Quizás porque es el único restaurante en una solitaria calle residencial en Coyoacán. Y su estética es extraña. Aquí casi todos van en pareja o bien con alguien de buen diente y buena conversación. Se puede platicar sin alzar la voz y la decoración forma una perfecta acústica. Además de que la comida no tiene pierde, el lugar es cómodo: el techo en dos aguas “privatiza” la  ocasión, como lo haría una cabaña de madera.

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Fonoteca Nacional

Para llegar a la Fonoteca hay que caminar por Francisco Sosa, una de las calles más lindas de la ciudad. Empedrada y angosta –y aún más mágica cuando llueve–. La Fonoteca tiene todo para compartir una tarde con alguien: pequeñas exposiciones temporales (ahora de radios y gramófonos antiguos), además del enorme acervo de sonidos de su colección. Pero lo que más destaca es su extenso jardín sonoro, donde uno puede esconderse del sol, tomar un café y escuchar, por ejemplo, el muestrario de sonidos de aves mexicanas que forma parte del acervo de la Fonoteca. Con suerte, a veces uno puede ver a la familia de gatitos que merodean entre los jardines de helechos.

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