Sobre la resiliencia cultural y el retorno al espacio (semi) público en la semana del arte

¿Cómo se mantuvo la cultura a flote a pesar de todo?

La producción artística y creativa en México mantiene el carácter resiliente que la ha definido en las últimas décadas. Esta resiliencia ha sido aún más evidente en los últimos meses, cuando la industria cultural se vio profundamente afectada a raíz de los cierres de espacios debido a la pandemia y a la creciente precariedad en la que se desenvuelven la mayoría de las instituciones y museos públicos enfocados en mostrar el arte en el país. A pesar de estos retos, la oferta cultural no ha cesado en un contexto en el que los diferentes centros de producción, dirigidos en su mayoría por particulares y organizaciones civiles –espacios independientes y auto-gestionados, galerías, museos privados, fundaciones y patronatos– han continuado con su trabajo para mantener el ecosistema del arte y la cultura a flote.

En este sentido, uno de los esfuerzos recientes con mayor visibilidad es la iniciativa GAMA (Galerías de Arte Mexicanas Asociadas), una plataforma en la que participan la gran mayoría de las galerías comerciales de la Ciudad de México, la cual tiene el objetivo de “profesionalizar y fortalecer la actividad de las galerías a partir de acciones consensuadas”. Otras empresas se han enfocado en el fortalecimiento de los recursos de mecenazgo para proyectos específicos, tales como el Fondo de Apoyo del Patronato de Arte Contemporáneo PAC-COVID 19, que apoyó iniciativas de regeneración cultural propuestas por 140 artistas y colectivos de 20 estados del país. Más recientemente, sobresale el programa de recaudación de fondos y desarrollo 40×40+ de la Fundación Olga y Rufino Tamayo, a cargo de Aimee Servitje y Ana Castella, el cual ofrece una serie limitada de 40 posters de artistas con el objetivo de continuar con la programación del Museo Tamayo en su cuadragésimo aniversario.

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Zona Maco Patio: Berenice Olmedo, Mekhané. Foto: Lodos

En el contexto de reorganización de los sistemas de producción y consumo cultural en la ciudad, “la semana del arte” en la Ciudad de México que tuvo lugar del 26 de abril al 2 de mayo, se caracterizó por una transformación en el status quo de la fecha más importante en el año para la industria artística nacional. Desde el 2002, la semana del arte ha reflejado la evolución y el crecimiento de la escena creativa en el país hasta posicionarse como una de las más sólidas y relevantes en América Latina y uno de los núcleos clave en el mundo. Cada año, las tres ferias de arte contemporáneo y diseño – ZONAMACO, Material Art Fair y Salón ACME– son realizados en centros de convenciones y espacios cerrados destinados a una audiencia limitada en los que reciben a galerías, artistas y coleccionistas de todo el mundo en coordinación con la apertura de exhibiciones y proyectos que fortalecen su capital monetario y social.

La feria de arte en el espacio (semi)público

Este año, sin embargo, el panorama se modificó con la cancelación de Material Art Fair y el aplazamiento de la novena edición de Salón ACME hasta septiembre de este año. En su lugar, ZONAMACO –bajo la dirección de Zelika García y el curador catalán Juan Canela– propuso una logística enfocada en el acceso al espacio abierto y (semi)público[1], acercándose a audiencias más amplias y diversas. Haciendo uso de una estrategia similar a la adoptada en años anteriores por el editor Ricardo Porrero en Gallery Weekend, se diseñaron una serie de rutas y caminatas por colonias como Juárez, Polanco, Roma, Condesa y San Miguel Chapultepec, con la apertura de decenas de exhibiciones en las galerías y sedes participantes.  Algunos recintos cedieron parte de su espacio para que galerías de otros espacios del país y una minoría extranjera pudieran exponer sus programas en la ciudad. El enfoque en la producción nacional y la realización de actividades culturales al aire libre se fortaleció con la iniciativa presentada por primera vez en el marco de la feria, la cual resultó satisfactoria: ZⓈONAMACO PATIO, desplegada en Casa Ortega y en las estaciones del Metrobus Reforma.

Los jardines de Casa Ortega

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Zona Maco Patio / José Dávila, I was told, but I didn’t listen. Foto: OMR

Construida entre 1943 y 1947 por Luis Barragán, la Casa Ortega abrió las puertas de sus jardines al público de manera gratuita para la presentación de PATIO , una muestra escultórica organizada por la curadora colombiana Catalina Lozano y la cubana Direlia Lazo. Nueve piezas de artistas como Adeline de Monseignat, José Dávila, Gwladys Alonzo, Carlos García Noriega, Diego Liedo, Raymundo Sesma, Berenice Olmedo, Taiyo Miyake, así como una puerta del s. XVIII fueron llevadas por galerías para ser exhibidas en los dos mil quinientos metros cuadrados de la propiedad en Tacubaya. La exposición se complementó con un programa de performances de los que destacaron los 6 días de frottage en pareja sobre la piel de Barragán del dúo de artistas Lake Verea y su galería Proyecto Paralelo, o la pieza Algo está siendo derribado en este instante de la artista colombiana Manuela García, presentada por la galería Aguirre. Si bien el acceso al espacio (semi)público de la Casa Ortega pudo haber sido limitado para aquellos grupos ligados a la producción artística (al tener que reservar para poder acceder), la propuesta de PATIO también se extendió a las estaciones de la línea 7 del Metrobús que corre a lo largo de la avenida Reforma, desde el Ángel de la Independencia y hasta el Museo de Antropología. Todo transeúnte pudo disfrutar de carteles hechos por artistas como Iñaki Bonillas, Minerva Cuevas, Ana Gallardo, Elsa-Louise Manceaux, Ana Navas, Chantal Peñalosa, Claudia Peña Salinas o Tercerunquinto, entre otros.

Guadalajara 90210

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Guadalajara 90210. Foto: Guadalajara 90210

Otros proyectos independientes paralelos a la feria replicaron la estrategia de accesibilidad a través de espacios (semi)públicos en la ciudad. Por segunda ocasión, el restaurante Tori Tori de Temístocles sirvió como sede de la exposición Prácticas imaginarias de Astronomía, Biología y Botánica, organizada por la plataforma Guadalajara 90210, y curada por Alma Saladín y Marco Rountree. La exhibición se enfocó en integrar las obras -casi todas esculturas- en un espacio poco tradicional como lo es el estacionamiento del restaurante, dándole visibilidad a artistas emergentes como el dúo Celeste, Alberto Lopéz Corcuera, Chavis Mármol, Israel Quero, Daniela Ramirez, Maximiliano Rosiles, Ernesto Solana, y Fabiola Torres-Alzaga. En comparación con otros ejercicios anteriores presentados por la dupla Saladín-Rountree, la muestra demostró una madurez en el guion curatorial y un diálogo más conciso con el espacio (semi)público en el que se desarrolló.

Salón Cosa

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Salón Cosa. Fotos 1. Erik López / 2. Ritta Trejo

Desde la trinchera del diseño, la iniciativa SALÓN COSA presentó su primera edición en Jardín 17, el antiguo taller de maquetas y jardín de Luis Barragán, recientemente renovado por el arquitecto Alberto Kalach. Dirigido por Mario Ballesteros y Daniela Elbahara, el salón presentó un conjunto de “objetos contemporáneos que van en contra de las convenciones del arte, el diseño y la artesanía”. Con la participación de artistas y diseñadores destacados que trabajan en México como Luis Úrculo, Aldo Álvarez Tostado, Fernando Laposse, Milena Muzquiz o Sánchez Kane, la muestra, de carácter accesible y propositiva, no solo continúo con la intención de contemplación y experimentación que caracterizó el trabajo de Barragán en los jardines, sino que propuso una forma diferente de apropiarse del espacio (semi)público a través del diseño sustentable.

Salon Cosa
Salón Cosa Foto: Erik López

Clavo

A pesar de que prevaleció el uso y acceso al espacio público durante la semana del arte, nuevas plataformas como CLAVO continuaron con los modelos previos y se desarrollaron bajo un mismo techo. Autodenominada como “un movimiento y no una feria”, el evento replicó la dinámica tradicional de una feria de arte comercial, recibiendo y concentrando a un gran número de proyectos independientes y servicios de arte en un espacio sumamente reducido (con un posible riesgo sanitario) al que se tenía que acceder previo pago de $150 pesos.

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Clavo. Foto: Pablo Navarrete

En conjunto, el acceso gratuito y público que se propuso desde las iniciativas privadas como ZONAMACO, Guadalajara 90210 o SALÓN COSA constituyeron un recurso positivo y bien logrado para la regeneración de la oferta cultural en la ciudad en un momento en el que todos los museos de la UNAM y algunos museos públicos de la Secretaría de Cultura se han mantenido cerrados por tiempos sumamente prolongados. Sería conveniente continuar y replicar estos modelos de accesibilidad en las próximas ediciones, fomentando que las iniciativas y proyectos comerciales o privados fortalezcan el desarrollo de las plataformas para la exhibición, producción y consumo de los bienes de la industria cultural y faciliten su acceso para todos los públicos que coinciden en la Ciudad de México.

 

[1] Entiéndase para este texto al espacio (semi)público como aquél espacio privado con acceso gratuito aunque limitado, en contraste con el espacio privado de acceso limitado y con costo tradicional en el que se desarrolla una feria de arte comercial.