Los miles de pericos monje que viven en Iztapalapa

El perico monje llegó a México en 1960 como la mascota perfecta, por ser el que mejor imita la voz humana, pero ahora es considerado una especie invasora.

Hasta hace poco no era nada común ver pericos volando por la ciudad, pero ahora hay pequeñas parvadas de pericos monje o cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) por todos lados, sobre todo en Iztapalapa y en la Gustavo a Madero, donde hay nidos enormes. Y sí, mejoran el paisaje urbano pero también desplazan a muchas aves nativas.

arbol en la ciudad

El perico monje no es una especie amenazada, por ello su venta como mascota es totalmente legal. De hecho, los primeros ejemplares llegaron a México en 1960 y desde entonces se calcula que han entrado más de 500 mil pericos al país. Hubo un tiempo en el que se convirtieron en la mascota de moda porque son la especie de loro que mejor imita la voz humana. Lo que quizá no muchos saben es que tienen un comportamiento invasor y a diferencia de otros loros que busca huecos en los árboles para anidar, la cotorra argentina construye sus propios nidos.

El perico monje, una especie hermosa y también invasora

La venta de pericos monje quedó prohibida en 2015, aunque para ese momento en algunos estados de la república su población aumentó de cientos a miles, por eso ahora hay quienes los consideran una plaga. Los nidos más grandes de la ciudad están en Iztapalapa, San Juan de Aragón y un parque de la Gustavo A. Madero donde los vecinos incluso los alimentan porque creen que es una especie endémica y que su supuesta reaparición en la zona es señal de una mejora en el ambiente. 

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Como los alimentan, los pericos monje ya no le tienen miedo a los humanos. De hecho, se acercan a ellos para que les den comida.

¿Pero qué es lo que los hace tan peligrosos? Su presencia implica un riesgo para otras especies que viven en los árboles. Sus nidos no son pequeños como los que construyen tórtolas o gorriones, sino todo lo contrario. Hacen enormes nidos comunales en los troncos de los árboles más altos y como sus parvadas son inmensas, hay ocasiones en que estos nidos abarcan más de dos árboles. El más grande registrado hasta ahora pesó poco más de 150 kilos.

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Pericos monje construyendo su nido.

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Debido al descuido o porque no aguantaron más sus chillidos, muchas personas liberaron a sus pericos. La razón principal por la que sus colonias crecieron tan rápido es por que una sola pareja hace dos nidadas al año y pueden tener de 5 a 12 polluelos. Además se han adaptado tan bien que escogen zonas urbanas para anidar, pues saben que ahí están libres de comadrejas y aves rapaces, sus principales depredadores.

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Los puntos azules en este mapa son avistamientos de pericos monje en México.

¿Cómo evitar que sigan siendo una amenaza para el ecosistema?

En México aún no hay medidas concretas para detener su crecimiento, por ahora lo único que le recomiendan a las personas es no facilitarles el alimento y esperan que pronto la especie pueda naturalizarse para evitar campaña de erradicación. Lo menos que queremos es que los maten, pero sí deben encontrar la manera de que no desplacen a nuestros pájaros comunes, menos simpáticos pero muy queridos y necesarios para la ciudad. Al parecer las águilas y halcones de la ciudad comienzan a sentirse atraídos por el ruido de los nidos y eso es una buena señal, pues su población quedaría controlada de manera natural con la aparición de estos depredadores. Si ves alguno, mándanos la foto a @local.mx en Instagram : )

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