Carnaval Bahidorá, esa rara felicidad de largo aliento

Tres días para saciar el hambre de cualquier amante de la música, el arte, la gastronomía, y los cortos animados. Tres días para nadar en el río y subirse a los columpios cerca del agua turquesa. Tres días para correr eufóricos por los jardines hasta llegar a otro escenario y encontrarnos con otra sorpresa musical. Tres días de goce, trés días en este cachito de edén en la tierra.

De entre todos los festivales, Bahidorá se distingue por ser un oasis entre una enorme oferta de eventos de su tipo. Más que un festival, Bahidorá es un carnaval, y los carnavales son una búsqueda de permanencia de la soberana felicidad. Es no bajar de un estado de extravagancia y alegría suprema durante el periodo que dure la fiesta. En Las Estacas, uno de los paraísos naturales más próximos a la ciudad, se reúne una comunidad dispuesta a formar e incendiar esta fiesta. 

Lo único que uno debe hacer para ser parte de esta puesta en escena es cruzar el puente de madera que le da la bienvenida y al mismo tiempo lo aleja de problemas terrenales por 3 días. Si hablara diría: “la ciudad quedó allá, aquí se disfruta”.

Desde el viernes se escucharon los ritmos africanos de Sabine Blaizin, el funk-soul de Kenny Dope y la parte electrónica de Nickodemus. La noche se iluminaba por la decoración en el único escenario de ese día que era El Umbral. Y a pesar de que muchos de los asistentes se fueron a dormir temprano para reservar la energía, la música no paró nunca.

Esta sexta edición se llenó de géneros diferentes a los que nos tenían acostumbrados. Actos más especializados, a diferencia de otras ediciones. Además, este año predominaron los DJ sets –hasta el 2017 no se habían superado los 30 y este año asistieron 44. Con propuestas frescas y nuevas extendían la invitación a las personas que no conocían, pero curiosas iban acercándose uno a uno hasta formar parte de la gente que hipnotizados bailaban o se daban un momento para escuchar entre el ambiente tropical.

Awesome Tapes from Africa fue uno de esos actos que a pesar de presentarse el último día del festival, hizo bailar a los pocos que aún quedaban. Brian Shimkovitz (Awesome Tapes from Africa) llenó el ambiente de energía con su mezcla en cassettes de lo mejor del continente africano. Otra presentación que dejó atónitos a los madrugadores en el segundo día fue FloorPlan conocido como Minister of Information. Sorprendió a los espectadores al llenar el ambiente con su ya conocido techno junto a su hija Lyric.

Lo mejor de la noche del sábado fue Kamasi Washington. Eran casi las 9 de la noche y el saxofón del compositor del californiano entró en los cuerpos de los asistentes que hipnotizados se dejaron llevar con los sonidos jazzeros que salían del escenario. Bahidorá presenciaba uno de los actos más sensoriales de esa edición. Era la combinación de un todo. Y a diferencia de otros años, a esa hora todos estábamos inmersos en el momento, escuchando un jazz contemporáneo en medio de la noche.

Este año se sentía con menos gente y no porque hubiera menos asistentes sino porque había más escenarios que dividían a la gente y hacían que el paso fuera más fluido. Géneros más provocativos, menos populares se dejaron escuchar. Este Bahidorá fue más una experiencia, dejarse llevar y escuchar esas propuestas nuevas que ofrecieron los organizadores.

Tres días para saciar el hambre de cualquier amante de la música, el arte, la gastronomía, y los cortos animados. Tres días para nadar en el río y subirse a los columpios cerca del agua turquesa. Tres días para correr eufóricos por los jardines hasta llegar a otro escenario y encontrarnos con otra sorpresa musical. 3 días de goce, 3 días en este cachito de edén en la tierra.

Revisa aquí nuestra guía de conciertos y festivales 2018.