Una expedición en busca del pasado de la Tierra

Para Moseley, las cuevas son máquinas del tiempo en las que se puede leer la historia de la Tierra. Investigarlas significa conocer las etapas por las que ha atravesado una de las regiones más remotas del planeta y entender sus condiciones previas.

Inspiración Verde es una serie de artículos desarrollados por Local.mx para mostrar los proyectos medioambientales más relevantes. En colaboración con la iniciativa Perpetual Planet de Rolex, nuestro objetivo es generar conciencia, inspirar a nuevas generaciones e impulsar todas las buenas ideas que mejoran la vida en la Madre Tierra. Rolex está apoyando a organizaciones e individuos inspiradores en una misión para hacer al planeta perpetuo. #PerpetualPlanet. Para más información visita rolex.org.

Nuestro planeta es tan asombrosamente vasto que no importa cuántos siglos llevemos recorriendo su superficie, sus profundidades y alturas: aún queda mucho por descubrir, entender y explorar. La investigadora climatológica Gina Moseley —laureada con el Premio Rolex a la Iniciativa 2021— tiene la misión de internarse en las cuevas más septentrionales de la Tierra para descubrir su historial geológico, hasta ahora desconocido.

La geógrafa británica Gina Moseley fue laureada este año con el Premio Rolex a la Iniciativa en la categoría de exploración. Foto: ©Robbie Shone.

Moseley, espeleóloga y exploradora polar de origen británico, tiene la mirada puesta en el Ártico, específicamente en un conjunto de cuevas ubicadas en Wulff Land, en el extremo norte de Groenlandia que, aunque fueron identificadas en la década de los sesenta durante una expedición militar, nunca fueron exploradas. La entusiasmó la posibilidad de estudiar las estalactitas, estalagmitas y coladas compuestas por calcita que podrían encontrarse en su interior. Estas formaciones, que se componen capa a capa en un lento proceso por el paso de agua, le resultaron especialmente llamativas, pues se trata de una región seca. Su presencia sólo podía significar una cosa: el norte de Groenlandia fue alguna vez una zona mucho más húmeda y cálida.

Para Gina Moseley, las cuevas son máquinas del tiempo en las que se puede leer la historia de la Tierra. Investigar estas formaciones significa conocer las diferentes etapas por las que ha atravesado una de las regiones más remotas del planeta y entender sus condiciones previas. El muestreo y estudio de los diferentes segmentos de sus formaciones milenarias narra el pasado, pero también proyecta el futuro: a partir de su entendimiento se puede adivinar el comportamiento de esta área en condiciones climáticas diferentes a las del presente.

Gina Moseley aspira a dirigir la primera expedición para explorar las cuevas en el extremo norte del planeta para ampliar nuestro conocimiento sobre el cambio climático en el Ártico. Foto: ©Robbie Shone.

El Ártico es una de las regiones más frágiles en la actualidad. Reporta temperaturas más altas cada año desde hace décadas y el veloz deshielo es una amenaza latente para las ciudades costeras de todo el globo, debido al aumento en el nivel del mar a un ritmo de un milímetro mensual. En este escenario, conocer las dinámicas de calentamientos terrestres previos puede brindar información capital para entender los cambios en patrones climáticos. Con la vista hacia el futuro, además, este proyecto puede ayudar a entender estos fenómenos y generar estrategias sólidas para enfrentar la emergencia actual.

Sin embargo, llegar a estas cuevas y explorar el pasado climatológico de la región —y, con ello, el del resto del mundo—, es una tarea de exploración titánica, que requiere una logística complicada, tanto en términos de preparación como de presupuesto. Pero eso no intimida a Moseley. Al contrario: ha liderado ya tres expediciones en Groenlandia y mantiene el objetivo de encontrar las claves que ocultan las diferentes capas de los espeleotemas —como se conoce en términos generales a las formaciones de calcita, minerales y sedimentos en el interior de las cavernas—. En la actualidad, la información disponible relata unos 128,000 años de historia, y la labor de exploración de Moseley podría incluso quintuplicar ese rango. La única forma de hacerlo es llegar, junto con su equipo de seis personas, hasta la boca misma de las cavernas, descender a rápel y recabar la mayor cantidad posible de muestras para su análisis.

Foto: ©Rolex/Audoin Desforges

A Gina Moseley le entusiasma ser una de las laureadas por Rolex en 2021, pues considera que es una de las pocas iniciativas que podrían interesarse por apoyar un proyecto de exploración que, aunque mantiene la épica de los antiguos viajes de descubrimiento por el mar, revelará información muy valiosa que, aún en el siglo XXI, sigue siendo un misterio oculto en las entrañas mismas de nuestro planeta: “El norte de Groenlandia —dice Moseley— es muy remoto, hostil y de difícil acceso. Pero es una de las últimas fronteras para la verdadera exploración en la Tierra”.

La geografía de lo invisible

Las cavernas ocultas en todo el planeta, aún en espera de ser exploradas, esconden algunos de los secretos más valiosos del pasado de la Tierra y la humanidad. En el subsuelo de la Península de Yucatán, por ejemplo, se extiende un mapa sumergido en aguas cristalinas que da sustento a la enorme diversidad animal y vegetal de la región, y también a la vida humana, tanto en las comunidades indígenas como en las ciudades. El proyecto Gran Acuífero Maya (GAM), dirigido por el doctor Guillermo de Anda, se dedica a explorar, desde dentro, todos estos pasajes subterráneos en busca de huellas paleontológicas y arqueológicas que abonen a nuestro entendimiento del mundo.

Foto: ©Nadja Massun

Cientos de cenotes preservan los restos de criaturas hoy extintas, como los perezosos gigantes, u ocultan hallazgos tan inesperados que sorprenden incluso al equipo multidisciplinario de expertos del GAM, como ejemplares fosilizados de osos, o el reciente ingreso a Balamkú, un imponente santuario subacuático en Chichén Itzá, de muy difícil acceso, donde han encontrado manifestaciones rituales que demuestran, con la selección azarosa de un par de incensarios, al menos 200 años de ocupación maya en el sitio. Y eso es apenas un ejemplo de una vida de descubrimientos (lee más aquí).

El equipo hace un proceso de preservación digital de las piezas encontradas: hacen registros fotográficos que después podrán convertirse en realidades virtuales y modelos en 3D para que todos podamos ver y tocar lo que ellos encuentran en sus inmersiones. Porque el proyecto, al final, tiene un componente de divulgación muy importante, enfocado a dar a conocer la riqueza cultural y natural de la región, pues sólo así es posible que todos nos involucremos en preservarla: “Hay miles de kilómetros, no estoy exagerando, de pasajes subterráneos que la gente no ve —dice Guillermo de Anda—. Por eso lo hemos denominado ‘la geografía de lo invisible’. Parte de nuestra misión es hacerlo visible al público en todo sentido: con fotografías, con videos, con datos científicos, que se entienda lo que hay ahí”.

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Inspiración Verde es una serie de artículos que nos llena de emoción. A lo largo del año daremos a conocer los proyectos medioambientales más relevantes que se han llevado a cabo en el planeta bajo la iniciativa Perpetual Planet de Rolex, y contaremos también las historias locales de quienes afrontan desafíos enormes para el medio ambiente.

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