Sobre la (alarmante y triste) extinción de Ayoloco, el último glaciar del Iztaccíhuatl

El glaciar de Ayoloco en la cima del Iztaccíhuatl se extinguió y un grupo de montañistas de la UNAM realizó un ritual para despedirlo.

Hasta hace unas cuantas décadas, en la cima del Iztaccíhuatl existían al menos cinco glaciares que, en buena parte, eran los responsables de que la Mujer dormida se mantuviera blanca de nieve la mayor parte del año. Uno de esos macizos de hielo era el Ayoloco que en 2001 fue declarado en peligro de extinción y ahora, 20 años después, fue declarado extinto por un grupo de científicos de la UNAM.

Cuando hablamos de los muchos pulmones de la ciudad, generalmente pensamos en nuestros bosques y parques; pero los glaciares del Iztaccíhuatl y el que alguna vez estuvo en el Popocatépetl tenían un papel importante para el clima y los ecosistemas que existen en la ciudad. Gracias a estos cuerpos de hielo teníamos acceso a agua potable de manera natural, incluso en las temporadas más cálidas. 

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Foto: Andrea B vía Flickr.

Ahora que el calentamiento global es más que evidente, por todo el mundo aparecen noticias sobre la rápida disminución de los glaciares. En el caso de Ayoloco, bastaron sólo 20 años para que éste se convierta en agua que rodó por los diferentes arroyos que bajan del volcán, pero que nunca más retomó el ciclo de convertirse en hielo y reintegrarse al mismo glaciar de donde salió. 

¿Y qué sigue para nosotros?

Lógicamente, cuando el flujo de agua potable disminuye, también lo hace la calidad de vida para los humanos. Como señala Hugo Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, la forma más inmediata de actuar ante la pérdida de un cuerpo de hielo tan importante es adaptarnos a las nuevas condiciones climáticas y de paisaje que se avecinan, pues no tardará mucho para que comiencen a aparecer las primeras partes del deterioro ambiental. 

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Foto: Andrea B vía Flickr.

Honrar y hacer conciencia por Ayoloco

Como ocurría en las antiguas civilizaciones, cuando una parte tan importante de nuestro paisaje muere, es necesario honrarla, porque gracias a este evento cambiará nuestra vida. Es por ello que para ritualizar esta pérdida, un grupo de montañistas de la UNAM subió hasta la “panza” de la Mujer Dormida, exactamente donde estaba el glaciar y colocaron una placa de acero que declara definitivamente la extinción de Ayoloco.

ayoloco placa
Foto: UNAM

Durante la ceremonia también realizaron una lectura de poemas por parte de Anel Pérez, directora de Literatura y Fomento a la Lectura de la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, quien tocó varios temas al rededor de la desaparición de este milenario cuerpo de hielo. A su vez, este ritual es un llamado a preocuparnos por el bienestar de los espacios naturales que todavía nos quedan. No es por alarmar a nadie, pero si continuamos ignorando este tipo de situaciones, los próximos en desaparecer podríamos ser nosotros.

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