Molúsculo: un fanzine imperdible y ejemplo feliz de la autosuficiencia gráfica

Molusculo no es un fanzine a la vieja usanza. Es un álbum autoeditado más parecido al formato francobelga que a las grapas punk.

En los últimos años el cómic hecho en México ha tenido un boom sin precedentes, las autoras y los autores se han liberado de la tradición anquilosada y han encontrado caminos y formas personales. El fanzine, la autoedición y el do-it-yourself  ha sido un pilar para el desarrollo y distribución de cómics tan diversos como persuasivos. Aunque también la institución -por ejemplo, la beca del FONCA- y las editoriales grandes han volteado sus dientes a las artistas, estas siguen a la tradición menos elocuente. En cambio, en lo autonomía y en el desapego a las reglas se han creado cosas magníficas.

Varias de estas autoras, tal vez algunas de las mejores, se han reunido en la ciudad de México para crear un fanzine imperdible. Molúsculo no es un fanzine a la vieja usanza. Es un álbum autoeditado más parecido al formato francobelga que a las grapas punk. No obstante, el espíritu que lo rodea continua siendo autogestionado y combativo, más no panfletario.

molusculo

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A la fecha el Molúsculo ha tenido tres encarnaciones meticulosamente impresas. La última recién salida del horno. En ellas las creadoras  plantean un tema el cual tiene que aparecer de alguna manera dentro de la historia. El primer número abordó la trusa, el segundo los payasos y el más reciente, cómo no, la cuarta transformación. Cabe mencionar que estos temas no determinan los cómics, a veces solo son detonadores para abrir la creatividad.

Cada número contiene una historia de los autores del colectivo –Alejandra Espino, Pamela Medina, Hernán Gallo, Gina Fuentes, Gris Ojeda, Salvador Jaramillo Nuria Mel, John Marceline y Gala Navarro– y de algunas invitadas. En el segundo fue Santiago Solís y en el tercero Luis Erre y Froshaml, este último como un trabajo ampliamente recomendable sobre la identidad de género, todo con un trazo sobresaliente y fresco.

En el más reciente número, realizado -como los anteriores- en riso, con una portada de Hernán Gallo en serigrafía y cocido a mano realizado por las propias autoras. En cuanto a la historia podemos encontrar el trabajo de Ale Espino con ese toque sutil de rebeldía desde la delicadeza de trazo y la defensa de la emotividad. También el cómic de Gina Fuentes que a partir de planchas de una sola viñeta evoca una melancolía con un potencia en los negros sobresaliente. Cómo ya es habitual, la historia de John Marceline tiene una elocuencia enmascarada en la sencillez mientras que el costumbrismo de Gala Navarro acentúa la resistencia a las normas con elegancia.

Entre muchas de las virtudes del Molúsculo está la presencia femenina y feminista. La calidad está garantizada aunque el gusto siempre determine las favoritas.