Fotos: Andrea Cinta

Marco Rountree interviene el Museo Anahuacalli

El Anahuacalli ahorita está lleno de pequeñas intervenciones de collage, dibujo o escultura de Marco Rountree, que pone en diálogo lo vernáculo y lo popular.

Autor: Redacción local.mx | Fecha 9 febrero, 2019

Escuela de ciencias y artesanias volcán Xitle es la exposición temporal que está ahorita en el Anahuacalli. El artista es Marco Rountree, quien suele jugar con los límites del collage y el dibujos, los saca de su confinamiento de papel e incide espacios. Esta vez llegó a este museo –fuera de lo ordinario–, y de cierta forma lo modificó: ahora la piedra volcánica y sombras de figuras prehistóricas del Anahuacalli contrastan con papeles y cosas ligeras y coloridas que ponen en diálogo los orígenes del museo y el ornamento vernáculo con los el arte y los objetos contemporáneos. Estos pequeños gestos son pistas que invitan a recorrer y descubrir el museo de forma distinta.

El Museo Anahuacalli fue el proyecto personal de Diego Rivera, quien lo planeó como una parte de algo más grande, una Ciudad de las Artes en permanente creación. Pensó en este proyecto como una suerte de Ciudad Universitaria, de “escuela”, con espacios, plazas y más museos donde hubiera talleres y presentaciones de teatro, danza, pintura y artesanías en una atmósfera pasada, esencial. Así como se siente museo ahora; una extensión de su entorno, en armonía con el paisaje de piedra volcánica, hierbas y flores silvestres. Pero Diego Rivera murió antes de que la construcción del museo finalizara, y entonces se encargó Juan O’Gorman y Ruth Rivera, su hija, de acabarlo. La ciudad de las Artes ya no fue, pero en 1963 quedó listo el espacio para albergar la magnífica colección de figuras teotihuacanas, olmecas, toltecas, nahuas y zapotecas que formó Diego Rivera.

El museo imita una pirámide o un teocalli, que significa “casa de los dioses”. Y sí, el museo tiene mucho de santuario. La gente habla en susurros y el eco es de piedra y cristal. Las figuras pesan como los años que tienen y el significado que cargan de sagradas. Marco, con humor al clavo, hace banal lo divino. Con esta exposición temporal, en el Anahuacalli la conversación es distinta (de pronto uno se ríe en susurros), uno siente que puede tocar el museo. Entre estas figuras precolombinas, bocetos de Rivera y demás … que figuran en la historia del arte, las piezas de Marco son plantas artificiales, luces de fiesta, cadenita de oro falso, ranas de barro, viniles o hojas de palmas pintadas de colores acrílicos que salen de un cuadro o una escultura mexica.

A Marco le gusta combinar el made in china por imaginación, sugiere que qué tal que entre estos objetos hay unos que no son religiosos ni solemnes, como asumimos, sino los objetos de un loco que le gustaba hacer estas cosas… Lo dice frente a la figura de un hombre mexica que parece que esconde unas luces de fiesta que Marco puso allí.

En la entrada al museo ya hay algunas pistas de lo que sucede adentro. Tres macetas de barro en forma de sapo te reciben. “Son las maestras-sapo”, dice Marco. Hacen alusión a la escuela o centro de artes que el museo nunca llegó a ser. Durante el recorrido hay algunas piezas e intervenciones que se refieren a eso mismo, como un pupitre amarillo bajo una palapa, en la explanada o la celosía hecha de reglas y escuadras de colores, en el último piso, frente a bocetos del mural del Rockefeller. Al fondo, en la última sala del recorrido, los “alumnos sapitos de barro” están tras vitrinas de cristal, como si fueran de la colección. Marco los compró en Xochimilco —quizás como con la pieza a prehuspánicas, ya dirán los años dónde terminarán.

 

 

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