Azcapotzalco y sus casas afrancesadas fueron el centro veraniego del porfiriato

Azcapotzalco se consolidó como una zona industrializada, moderna y cosmopolita, albergando las casas de estilo victoriano de verano del porfiriato.

La alcaldía de Azcapotzalco es una de las zonas más antiguas de la ciudad, existe registro sobre su importancia para la economía y comercio en el periodo prehispánico; durante el porfiriato se consolidó como una zona industrializada, moderna y cosmopolita, albergando las casas afrancesadas de verano de figuras políticas y familias adineradas.

En 1899 se dividió el territorio en 6 prefecturas del entonces Distrito Federal, una de ellas fue “Azcapotzalco de Porfirio Díaz”, que estaba conformada por la municipalidades de Tacuba y Azcapotzalco. La zona tomó este nombre debido a que Díaz acostumbraba pasar los fines de semana en Azcapotzalco, en una casa que era conocida como “El castillito”. Debido a esto, la prefectura se volvió popular entre las familias adineradas de la época, por lo que la urbanización y la construcción de nuevos edificios modernos no se hizo esperar. Los chalets de verano proliferaron durante la época, colocando a Azcapotzalco a lado de colonias como San Ángel, Coyoacán o Tlalpan, en donde los capitalinos solían disfrutar el verano.

Rafael Reyes Espíndola, fundador del periódico, El Imparcial, vio en esta parte de la ciudad una inversión y compró la Hacienda de Claveria a Ángel Zimbrón, secretario de gobierno del D.D.F. y a Manuel Manterola. Así, se promovió el fraccionamiento y venta de terrenos en la zona y se creó una de las primeras colonias, la cual, tomó el nombre del periódico de Reyes Espíndola: El Imparcial.

Con la llegada de nuevos habitantes fue necesaria la introducción de servicios urbanos como electricidad, drenaje, agua potable, pavimentación de calles incluso la construcción de parques, como el Jardín Hidalgo, o un mercado. De igual forma, se establecieron dos rutas de tranvía eléctrico para conectar Tacuba y Azcapotzalco con el resto de la ciudad. En 1910, el mismo Porfirio Díaz inauguró la primera calle de la municipalidad que contó con faroles de luz eléctrica y asfalto, la cual conserva hasta hoy su trazo original: de Tacuba hasta el centro de Azcapotzalco.

A pesar de que hoy Azcapotzalco nos parece una parte más de la ciudad, en aquellos años, aún era considerada parte de la periferia, por lo que la colonia El Imparcial se promocionaba entre los habitantes de la ciudad como el lugar más sano e higiénico del Distrito Federal, pues, debido a los vientos dominantes del Valle de México, no llegaban los “aires viciados de la capital”. Como parte de la difusión de este proyecto urbano, se regalaría, a un afortunado suscriptor de El Imparcial, un chalet ubicado en Azcapotzalco.

Este chalet, como lo describen en el periódico, tiene como referencia los modelos europeos y estadounidenses de la época: un baño al interior de la casa, jardín delantero y trasero, techos a dos aguas y todos los servicios disponibles en la época. De esta forma, se convirtió en una de las colonias más modernas y mejor ubicadas al inicio del Siglo XX, por lo que no es sorpresa que grandes figuras de ese entonces llegaran a habitar una de estas casas afrancesadas: Don José Yves Limantour, secretario de gobierno de Porfirio Diaz; Auiles Elourdy, integrante del Partido Antirreleccionista; y Carlos Díaz Duffoo, fundador del periódico Excélsior.

La ciudad, con el paso el tiempo fue creciendo y así lo hizo Azcapotzalco, por lo que eventualmente los chalets y casas de influencia europea se fueron mezclando con construcciones cada vez más nuevas y debido al deterioro, abandono o simplemente al deseo de tener una casa más moderna, muchas de estas construcciones se fueron perdiendo; incluso “el castillito” de Díaz, el cual hoy es una escuela primaria. Sin embargo, actualmente todavía podemos apreciar algunas de estas casas sobre Avenida Azcapotzalco y recorrer una mañana de domingo las calles por las que Porfirio Díaz paseaba. Terminar este paseo en el Jardín Hidalgo, visitar la Casa de la Cultura o con un desayuno en el tradicional Nicos.