Fotos: Carolina Peralta

El que chacharea encuentra. 3 hallazgos del tianguis de la Portales

Al tianguis de la Portales no se va a buscar. En la calle Rumania, que se extiende con todo tipo de cosas, uno chacharea y después encuentra los más extraños y mejores objetos.

Autor: Carolina Peralta | Fecha 24 marzo, 2017

Todos los días en la calle Rumania, entre las calles Libertad y Santa Cruz, en la Portales, chachareros levantan sus puestos con todo tipo de objetos, desde donde al fondo, sus vendedores repiten ¿qué compra? ¿qué vende?

Como en muchos de nuestros mercados, el tianguis de la Portales es una invitación a la excavación. O bien una invitación a vender; a dejar a la deriva objetos que alguna vez quisimos para que alguien más los llene de vida otra vez.

Patos y vírgenes de porcelana, vasos, jarras y charolas de cristal cortado, de plástico, de peltre, bolsas de noche, montañas de ropa –10 pesos la prenda–, boletos de avión, campanas, osos de peluche raídos por infantes o mascotas… El encanto del tianguis está ahí mismo: en la indiscriminación hacia los objetos, la cual promete encontrar, en cada montón, algo brillante.

1.     Maletas Samsonite

– $350 por el par

Estas maletas comprueban el dicho de la abuela de que ya las cosas no son como antes. El juego, aproximadamente de los años 70, estaba en mejores condiciones que cualquiera nuestras maletas.

2.     Lámpara de escritorio

– $250

Las lámparas de escritorio son una búsqueda o hallazgo común en las tiendas de antigüedades. Pero encontrar entre chácharas esta, que además “es de las buenas”, como aseguraba su vendedora, merece el nombre de hallazgo.

3.     Fotos de mascotas de extraños

– $10 un puño de fotos (de dálmatas preciosos, por ejemplo)

La historia y el valor de las imágenes que ya pertenecieron a alguien más se encuentra también a nuestra merced, pues en su aparente inutilidad viven las posibilidades de sus nuevas utilidades.

Podemos imaginar todas las historias detrás de los cientos de zapatos sin par, de las postales olvidadas, los recuerdos de bodas y de XV años, o los IFEs –que ahora son INEs–. Lo cierto es que con estos tesoros alimentamos nuestras más raras obsesiones.

 

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