Los gatos de Monsi: Miau Tse Tung, Fray Gatolomé o Cat Ástrofe…

De entre los libreros, por los sillones, sobre los grabados de Posadas, entre los papeles del escritorio caminaban los gatos de Monsiváis con total libertad.

Autor: Pável Granados | Fecha 6 junio, 2018

La ailurofilia es el amor desmedido hacia los gatos. Carlos Monsiváis, víctima de este amor, dedicó su vida a estos felinos. Adoptaba todos los que podía; recibía algunos sin casa aunque en ocasiones seguía un maullido por la calle esperando rescatar un gato en apuros y ofrecerle hospedaje. Lo primero que hacía con un gato nuevo era operarlo para que tuviera hábitos más sedentarios. De entre los libreros, por los sillones, sobre los grabados de Posadas, entre los papeles del escritorio caminaban los gatos de Monsiváis con total libertad.

gatos monsivais

Antiguamente, Carlos tuvo uno que se llamaba Pionono; éste cuando murió lo sustituyó con otro al que le puso Piononoalco. Se han repetido mucho los nombres de sus gatos: Voto de Castidad (de cariño: Votito), Carmelita Romero Rubio de Díaz, Recóndita Armonía, Ansia de Militancia, Pos Moderna, Eva Sion, Nananina Ricci, Monja Beligerante, Miss Oginia, Catzinger, Fetiche de Peluche, Monja Desmecatada, Zulema Moraima (el nombre de la vidente que le predijo la muerte a López Velarde), Peligro para México, Caso Omiso, Miss Antropía, Fray Gatolomé de las Bardas, Cat Ástrofe, Copelas o Maúllas, Chocorrol (aunque su nombre completo era El Retorno del Siniestro Chocorrol, quizás por un personaje del Fisgón), Rosa Luz Emburgo, Miau Tse Tung y Ale Vosía. Mito Genial, uno de sus consentidos, fue bautizado con este nombre en homenaje a Pedro Aspe, el secretario de Hacienda que dijo que la pobreza en México era “un mito genial”. Mito Genial murió a los 17 años el 16 de junio de 2010, apenas tres días antes que su dueño.

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A los 10 años le regalaron su primer gatito, ante la mirada de desaprobación de su mamá, doña Esther, quien prohibió que el gato entrara a la casa. Luego de unas vacaciones, Carlos regresó a su casa y se enteró de que su mamá había regalado a su mascota. No obstante, comenzó a tener más gatos, pero todos se quedaban en el patio. “Mamá, déjame verlos media hora”. “Bueno, media hora solamente”. La tía Mary, hermana de doña Esther, dice que Blanca Guerra le regaló uno y que Octavio Paz le mandó otro, poco después de su polémica en Proceso (1977 y 1978), como símbolo de que había terminado la guerra entre ambos. En 1993, durante una entrevista, le pregunté: “¿Por qué tiene tantos gatos?”. Atestiguaban Fetiche de Peluche, Ale Vosía y el Chocorrol. Me respondió enseguida: “Para no ver fantasmas”.

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