Desobediencia Sonora: una obra de teatro sobre los Song Books de John Cage

Este fin de semana, el festival IMPULSO de la UNAM presenta Desobediencia Sonora, una de las composiciones más hermosas y extrañas de John Cage.

La mayoría de los sonidos que escuchamos en la vida no son considerados música. Pero, ¿qué pasaría si lo fueran? En la década de los 70, John Cage, un artista reconocido principalmente por sus composiciones extrañas, hizo un compendio de canciones que presentan la posibilidad de considerar cualquier sonido (y el silencio) como música. El proyecto se llamó Song Books, y 10 años después, el festival IMPULSO lleva esta obra al escenario bajo el nombre adecuado de Desobediencia Sonora.

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Fragmento de Song Books.

Belén Aguilar y Silvia Dávalos (directora de escena y directora musical, respectivamente) reinterpretan Song Books bajo el nombre de Desobediencia sonora. La composición esta formada de 90 piezas, muchas con instrucciones para presentarse en un teatro. Sin embargo, no son partituras y diálogos normales. Muchos son puntos, rayas y tipografías que cambian de tamaño, que los directores, músicos y actores tienen que interpretar para replicar. “Lo primero que hicimos fue sentarnos a entenderlo. Ir descifrando, desmenuzando, conociendo la filosofía de John Cage. Leer su pensamiento, lo que para él era importante”, cuenta Dávalos, encargada de la dirección musical de los seis actores en escena.

Cage nació en Los Ángeles en 1912 y fue gran aficionado a la micología y recolector de setas reconocido en su país. Fue pionero de la música electrónica y aleatoria. Es probablemente una de las personas que ha hecho los experimentos musicales más arriesgados, más difíciles de comprender y con más profundidad teórica. Era un gran académico, lector y amante de la música. Para él, la composición se trataba de la apreciación del sonido y el silencio por su mera existencia, por lo que comunican más allá del juicio de lo bello. En ese sentido, no es posible categorizar como “ruido” algunas expresiones del sonido. Porque todo viene del mismo mundo.

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©Cortesía Festival IMPULSO

Ambas directoras coinciden que no hay manera de deslindar la parte actoral con la musical en su obra. Nunca lograron ensayar por separado, pues la fuerza de un espectáculo de Cage está en la simbiosis entre cuerpo y sonido: son uno, creadores y consecuencia uno del otro. Para entender partituras con esa complejidad, hay que entender al creador. No se puede desasociar la obra de la percepción que Cage tenía del mundo, de su amor por la naturaleza y la admiración que sentía por ciertos artistas. Como Erik Satie, su compositor favorito, o Henry David Thoreau, autor del libro Walden, fundamental en el pensamiento sobre el hombre, la caminata y la naturaleza como uno solo.

Tras la exploración bibliográfica y biográfica de John Cage, como creador, las directoras se acercaron a los actores. Ellos tienen capacidades musicales extraordinarias y rangos de voz impresionantes, que van desde lo más bajo, hasta agudos que lastiman los oídos. Entre todos hicieron una exploración más profunda del trabajo de Cage, incluso desarrollaron partituras complementarias. “Tienen una gran sensibilidad para la parte escénica y actoral, entonces explorar a John Cage de la mano de este elenco fue una cosa muy enriquecedora para nosotros. Fue como encontrarlo, no sólo a partir de sus instrucciones, sino a partir de nuestra propia mirada y la de los actores”.

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©Cortesía de IMPULSO

El resultado no es una representación exacta de lo que dictan las partituras, sino una interpretación adaptada a la realidad. Cuando Cage escribió estas piezas también estaba en el proceso de descubrir el mundo electrónico, la música creada a partir de aparatos y no de instrumentos. La evolución en estos 50 años ha sido enorme, por supuesto. Así que interpretar la parte electrónica que el compositor describe al pie de la letra dejaría un hueco. No estaría en resonancia con la actualidad. De la mano de Mario Espinoza, quién se encargó de todo el diseño electrónico, crearon piezas que siguen la filosofía de Cage, pero que no son una calca de lo que él hizo. “El título de Desobediencia Sonora nos hace sentido porque él propone las instrucciones, pero si estamos de acuerdo con la filosofía de John Cage, hay que desobedecerlas”.

En esta puesta en escena, los espectadores no habrán de buscar una línea narrativa, sino simplemente unirse a la experimentación desde sus asientos. Procurar escuchar nuevos sonidos sin juicios previos. Abrir los sentidos y desobedecer.

Toda la programación de Festival IMPULSO aquí.

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Con información de nuestra revista hermana Gatopardo.

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