Zombra: el grafitero clandestino que tapó el mural de Sarah Andersen

Zombra es uno de los grafiteros más populares de la ciudad y aunque casi nadie conoce su identidad todos los días aparece una de sus pintas.

Los grafitis de Zombra ya son parte de la gráfica capitalina. Pertenece a una de las primeras olas de grafiteros de la ciudad y pertenece al 246 Crew, uno de los colectivos de arte urbano más importantes del mundo. Además ha expuesto su obra en galerías especializadas de México y Estados Unidos.

Desde hace 10 años, cuando apareció por primera vez en los muros de la ciudad, Zombra le ha hecho honor a su nombre. Hace sus pintas de noche y casi nadie sabe quién es. Entre lo poco que sabemos de él está un perfil de Instagram (que supuestamente es un tributo) donde suben fotos todas las bardas que ha pintado.

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Los trazos de Zombra son sencillos, hechos con la prisa de quien se mueve en la clandestinidad. Aunque uno podría confundirlo con otros grafiteros de la ciudad, es difícil de olvidar cuando ya identificas su tag o su bomba que puede decir “Zombra” o simplemente “Zo” que usualmente plasma con una “zeta” cuadrada y una “o” redonda. Esa es la bomba más usada por él y está en prácticamente todos los muros de la ciudad. Por eso hay quienes dicen que sus grafitis ya son parte del folclor de la ciudad.

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El mural de Sarah Andersen

El 29 de enero, la ilustradora estadounidense Sarah Andersen pintó un mural en la Roma y, cuatro días después, Zombra lo cubrió con su característico tag. Sarah es la autora de Sarah’s Scribbles, uno de los cómics más queridos de Internet y por ello muchas personas mostraron su descontento por la “intervención” de Zombra.

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Como siempre, hubo quienes defendieron a Zombra y dijeron que es común que un grafitero tape el tag o los murales de otros artistas. Es algo que en la escena se llama “pisada” y lo hacen para retar a otros artistas a crear una conversación por medio del grafiti.

Lo cierto es que, como ocurre con la mayoría, si no es que con todos los grafiteros de la ciudad, preguntar por qué pintó ahí y no en otra barda es un poco absurdo. Los grafitis son algo que uno da por hecho; existen porque son parte de la ciudad y, nos guste o no, aunque desaparezcan en las calles, será muy difícil borrarlos de la memoria.

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