El Edificio Ermita: ¿qué pasa adentro? ¿cómo son sus 78 departamentos?

El Edificio Ermita permanece como un fósil de nuestras primeras aspiraciones modernas —el Times Square mexicano, dirán algunos por ahí, con un tono entre sarcasmo y lamento—.

Con ese sospechoso volumen, look arruinado y decadente, muros de tono arenoso despintado y crípticas ventanas, el Ermita bien podría ser el edificio más bruto del DF… pero más allá de su aspecto, ¿qué pasa adentro? ¿cómo son sus 78 departamentos?

La gran mayoría de los capitalinos lo ubica perfecto, más no todos saben su nombre y menos que su arquitecto fue Juan Segura; sin embargo, muchos tienen algo que decir: que de pequeños lo observaban rumbo a cenar a los restaurantes chinos de Revolución, que si ahí espantan, que algún conocido vivió ahí un tiempo, que era el edificio de la Canadá, el de la Coca, que si de chavos fueron al Galaxy abajo, que si la cafetería Tic Tac es malísima, que si las porteras Lupita y Petrita … en fin, el edificio Ermita es un semillero de historias.

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Foto: ©Diego Berruecos

Tanto se ha conjeturado sobre el Ermita que sería un sueño si él mismo nos relatara todo lo acontecido desde que abrió sus puertas en los treintas bajo el auspicio de la Fundación Mier y Pesado. Seguramente nos contaría sobre la variedad de sus inquilinos: exiliados españoles, músicos, artistas, arquitectos, amas de casa, ingenieros, gente humilde en busca de renta barata, gente con solvencia económica en busca de una experiencia arquitectónica, mascotas caninas, felinas y anfibias… Sobre sus habitantes más memorables: la botarga del gato GC, miembros de la Maldita Vecindad, el baterista de Three Souls in my Mind, en fin, personajes defeños… La lista completa sólo la podría dar el elevador que ha visto subir y bajar a tantas personas en casi un siglo de operación.

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Lo que sí logramos saber es que el Ermita nunca ha parado: jamás ha cerrado por remodelación y además ha resistido los temblores más devastadores: ´57, ´85 y 2017. Aun así, un temblor se siente como la antesala al apocalipsis: el patio central se ondula, la gente corre hacia abajo por las interminables escaleras, se va la luz… Lo bueno es que ya no está el vitral que alguna vez cubrió el patio, sino seguramente se desplomaría haciendo un estruendo más tétrico que el propio temblor.

Su teatro Hipódromo Condesa recientemente dejó de operar. Por años y años fue escenario de obras de dudosa calidad (tipo Penelogías); Cristobal Jodorowsky proclamó abundancia para su público a través de la psicomagia en este recinto e incluso fue sede del festival Antes de que nos Olviden en el 2012.

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Vivir en el Edificio Ermita deviene en una confrontación personal. A pesar del conglomerado de viviendas, es raro toparse con algún vecino o escuchar a través de las paredes, cada uno habita su microcosmos y se enfrenta a su soledad. Existen inquilinos vitalicios como la señora Lupita del 408 y cada año entra uno que otro nuevo integrante (si es que se desocupa algún departamento). Así, las historias en el Ermita van a seguir hasta que probablemente el progreso devore al monolito estancado entre Progreso, Revolución y Jalisco.

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En 1983, Alfonso Cuarón filmó este cortometraje en el Edificio Ermita. Allí se pude ver un poco de lo que decimos arriba. Cuarteto para el fin de los tiempos es, dicen, el antecedente a Gravity.

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