Instantes del DF: el día que llovió a cántaros cuando trasladaron a Tláloc

El 15 de abril de 1964 fue un día que todos los capitalinos recuerdan porque cayó una lluvia torrencial mientras transportaban a Tláloc al museo (video y fotos).

La Ciudad de México tiene recuerdos que son de todos. Se derraman a las generaciones y las hacen, acaso, un poco más felices. Así, aunque no hayamos visto el aguacero que cayó durante el traslado del monolito del Tláloc al Museo de Antropología el 15 de abril de 1964, muchos lo recordamos como si hubiéramos estado allí… Es uno de nuestros “instantes de Occidente”, que guardamos porque quién no necesita un poco de realismo mágico para entender esta ciudad.

La lluvia

A todos (ojalá sea cierto) nos contaron nuestros papás del acontecimiento metafísico, mágico, solemne e insólito de cuando cayó una lluvia torrencial en el momento en que el monolito de 168 toneladas de piedra del Dios de la lluvia Tláloc iba entrando a la Ciudad de México. La gente se paró en las banquetas a mojarse y verlo pasar.

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La anécdota documentada por el Museo Nacional de Antropología cuenta que durante el complejo traslado del Monolito de Tláloc desde el pueblo de Coatlinchán al Museo que por entonces estaba recién construido, sucedió algo sorprendente: cuando Tláloc iba entrando a la Ciudad de México comenzó a caer un chubasco que duró cerca de una hora y media. No era época de lluvias.

El monumental traslado sobre Reforma

Para transportar la estatua gigante fue necesario cavar primero un foso de 3 metros de profundidad, que permitió colocar una enorme plataforma con vigas y cables de acero debajo de Tláloc. Quienes veían la partida de Tláloc con tristeza eran los habitantes de Coatlinchán, quienes desde el comienzo de la movilización expresaron su desacuerdo. Algunos, incluso, opusieron resistencia física y sabotearon la operación del traslado con actos de vandalismo. Fue por ello que, al día siguiente, 16 de abril de 1964, las autoridades tuvieron que pedir ayuda del ejército para cercar al monolito y apaciguar al pueblo.

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El peso total de la carga, que iba jalado por dos cabezas de tráiler, fue de 250 toneladas. El largo traslado del ídolo monumental fue cuidadosamente supervisado por arquitectos y arqueólogos hasta su llegada al Bosque de Chapultepec.

Más de 60,000 espectadores

En la Ciudad de México, la sincronía entre la llegada de Tláloc y la caída de tanta lluvia sobre avenida Reforma fue verdaderamente curiosa porque nadie esperaba que lloviera. Después de todo era abril. Más de 60,000 espectadores siguieron el paso de Tláloc desde el zócalo capitalino hasta la entrada del Museo.

Tláloc era el dios de la lluvia, del relámpago y la agricultura para las civilizaciones nahuas de los mexicas, toltecas y tlaxcaltecas. El nombre, que deriva de ‘tlalli‘ y ‘octli‘ significa “néctar de la tierra” en náhuatl. Pese a su origen en Teotihuacan, su culto se esparció por toda Mesoamérica y se convirtió así en una de las deidades más veneradas, aunque bajo nombres distintos. Así, por ejemplo, los mayas lo alababan bajo el nombre de Chaac, mientras que los mixtecos lo conocía como Tzhui.

¿Tláloc o Chalchiuhtlicue?

Aunque este monolito sobre Paseo de la Reforma es una de las imágenes más icónicas del dios de la lluvia, actualmente hay controversia sobre la verdadera identidad de la escultura. Varios arqueólogos afirman que el monolito que fue desplazado de Coatlinchán es en realidad una representación de la diosa Chalchiuhtlicue.

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Comúnmente se representa a Tláloc con círculos grandes alrededor de los ojos, formados por dos serpientes enroscadas, sus colas formando la boca con colmillos. En los códices su cara casi siempre está pintada con los colores verde o azul y lleva en su mano una clase de estandarte dorado con forma de serpiente.

Sucesos como el que hemos relatado son, sin duda, parte de la substancia mítica que ha alimentado el culto a estos dioses desde la época prehispánica hasta la fecha. Hablamos, aquí, de cosmovisiones y rituales que sobrevivieron a la conquista española y perduraron a través de los siglos. Por ejemplo, el ritual de llevar ofrendas como incienso, flores o plantas especiales a cuevas cerca de los campos de siembra todavía es practicado por varias comunidades campesinas en el centro del país.

Por favor, vean este hermoso video que documenta el día: