Cosas que mejoran la vida y la ciudad: los jardines de Alberto Kalach

Kalach ha hecho algunos de los jardines más extraños y bellos de la ciudad, aquí los enlistamos y citamos lo que escribe Mario Ballesteros al respecto.

El arquitecto Alberto Kalach alguna vez dijo que los jardines también duermen, por eso en las noches no deben iluminarse con luz artificial. Necesitan tener ciclos normales y que “sus días sean días y sus noches noches”, como quiso Octavio Paz. Kalach ha hecho algunos de los jardines más extraños y bellos de la Ciudad de México, como el de la Biblioteca Vasconcelos, que se puede comer; el del techo de la Torre 41, que parece obra de los pájaros más que de un diseñador; o el de Casa Wabi en la Santa María, que también es como un pedazo de campo idílico, como si los pájaros hubieran arrojado sus semillas y ya. Todos sus edificios muestran cómo están construidos. No hay decoraciones. Pero siempre hay un jardín.

Kalach
Jardines de Torre 41, Constituyentes
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Jardines de Torre 41, Constituyentes

En Revista Gatopardo de junio, Mario Ballesteros entrevistó a Kalach y publicó el artículo “La ciudad como obra”. Lo siguiente es una serie de fragmentos de ese artículo que hablan sobre los jardines. (Para leerlo completo pueden picarle aquí.)

“El jardín tiene una capacidad asombrosa para apaciguar y sanar heridas. ¿Será que una ciudad enferma se puede aliviar y recomponer a través del jardín?”. – Mario Ballesteros

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—¿Cómo se parece, o no, diseñar un jardín a diseñar un edificio?

—Bueno, se parece y no se parece. Diseñar un jardín es hacer una composición en el espacio. En ese sentido se parece a hacer arquitectura: crear un ámbito, un recorrido, una serie de estancias. La diferencia es que el edificio es de piedra y el jardín está vivo, uno tiene una función muy utilitaria, el otro una función que es sensual. 

Kalach
Jardín del agua, Bosque de Chapultepec
Kalach
Jardín del agua, Bosque de Chapultepec

En los jardines de Kalach tiene absoluta prioridad el goce: son remansos de una libertad orgánica, donde conviven la coreografía y la improvisación, el artificio y la naturaleza, el orden y el caos. En ellos nos encontramos con la feliz confusión del mestizaje y la aculturación —nuestros propios rasgos definitorios y definitivos— haciendo eco de la diversidad apabullante del legado cultural y natural de México. Los jardines de Alberto Kalach fluctúan sin más entre la placidez del huerto mediterráneo, el puro desbordamiento tropical y la austeridad agreste del desierto.

El jardín en la arquitectura de Kalach va más allá de una función accesoria o del complemento visual: el jardín arropa al edificio, lo humaniza y lo neutraliza, lo conecta con los ritmos vitales de los ciclos y las estaciones. El jardín como herramienta fundamental de la arquitectura para reconciliar nuestra vida en la ciudad con nuestro entorno. Y también para remediar los desaciertos de nuestras pretensiones modernas: “Creo que el antídoto contra la fealdad en nuestras ciudades es lo verde”.

Invernadero de la Biblioteca Vasconcelos, Buena Vista
Jardines de Taller Barragán, Ampliación Daniel Garza

La cruzada de Kalach en favor de la construcción de belleza a través del jardín la compartió en su momento otro de los grandes de la arquitectura mexicana moderna: Luis Barragán. Barragán fue nuestro genio absoluto del verde como refugio, como antídoto a la desesperanza y la fealdad modernas.

.Sobre la Biblioteca Vasconcelos:

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Invernaderos de la Biblioteca Vasconcelos, col. Buena Vista
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Invernaderos de la Biblioteca Vasconcelos, col. Buena Vista

La idea de “un arca, portadora del conocimiento humano, inmersa en un exuberante jardín botánico” alzándose a un costado de la antigua estación de ferrocarriles de Buenavista, con sus estanterías flotantes y bravura futurista que hacen pensar más en un set de película de ciencia ficción que en una sala de lectura, resultó irresistible. Hoy la Biblioteca Vasconcelos es justamente celebrada por muchos como quizás el proyecto público de arquitectura más ambicioso, espectacular y generoso que se ha construido en esta ciudad desde que se inauguró la Ciudad Universitaria de la UNAM en 1952. Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas.

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Aquí puedes ver todos sus jardines