Gracias por todo, Sax: el último New Romantic mexicano
De todos los sonidos memorables del “rock en tu idioma”, pocos se han quedado tanto tiempo en nuestras mentes como el del sax del Sax. Es imposible pensar en canciones como “Kumbala”, “Pachuco”, “Crudelia” o “Solín” sin la presencia de su saxofón y ahora que ya no está entre nosotros podemos decir que el rock mexicano no dejará de sentirse incompleto.
Fue precisamente ese saxofón una parte clave para englobar todos los ritmos que existen (todavía) en esta ciudad: el danzón, el mambo, el ska, el rock y cualquier otro con el que uno pudiera sentirse identificado. El Sax era un hijo del quinto patio y por ello sabía interpretar con los metales la música que existe en el corazón del barrio; misma que, de los ochentas a la fecha, sigue sonando en el gran circo que es esta ciudad y en toda Latinoamérica.
Podríamos decir que su virtuosismo lo llevó a la universalidad. El instrumento que le dio fama y apodo no fue el único que aprendió a tocar. Eulalio también conocía los métodos de trompeta, trombón, clarinete, flautas, batería, piano, guitarra, acordeón y un buen número de de instrumentos de viento árabes, los cuales normalmente ejecutaba en vivo.
Yo sí lo conocí, vivía en la vecindad…
Es imposible separar la música de la Maldita Vecindad de las calles de la ciudad, casi tanto como lo es olvidar ese místico look que caracterizó a Eulalio Cervantes durante toda su carrera. Sombrero, lentes oscuros, cabello largo y una gabardina negra que hacía que el dorado de su saxofón destacara incluso más allá de su sonido.
