Eno, ese restaurante (accesible) de Olvera que es siempre fresco y bueno

Eno es uno de esos lugares a los que uno vuelve con la seguridad de que todo está rico. Quizás se convertirá en un “clásico moderno” muy pronto.

La visita a Eno Roma debe comenzar con un café y un pan dulce hecho en casa. Este espacio del chef Enrique Olvera es ideal para degustar, un domingo por ejemplo, unos huevos revueltos con ejote, salsa roja, frijoles negros de olla y queso de Ocosingo. También hay opciones para mantener más fresco y ligero el espíritu, como yogurt con granola de la casa o fruta, y la posibilidad de llenar los vacíos existenciales con molletes, enchiladas, chilaquiles o tamales —rellenos de champiñones o queso de cabra si el vacío no es muy grande—. Cualquiera que sea la decisión, incluso si se trata solamente de un Hamara Chai acompañado de un polvorón, se agradece la intención de Olvera de llevar sus platillos a otras partes de la ciudad en espacios agradables, llenos de luz y de excelente comida.

Aquí van unas fotos de cómo Eno hace el pan:

Eno

masa de pan casero

croissants eno

Pan

Eno

El 80% de los ingredientes de la lonchería Eno son orgánicos y, si te cuesta trabajo elegir, puedes tomar en cuenta el menú del día que lleva una sopa de verduras, media torta y una infusión fría por $135 pesos. La verdad Eno es uno de esos lugares a los que uno vuelve con la seguridad de que todo está rico. Quizás se convertirá en un “clásico moderno” muy pronto (como lo hizo Belmondo) , al igual que el exquisito Molino El Pujol, también de Olvera, porque ese elote no tiene comparación.

Ahorita Eno ya tiene 4 sucursales: Virreyes (Lomas de Chapultepec), Petrarca (Polanco), Roma y Museo Jumex.

*actualizado el 23 de octubre 2019

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Papel es paraíso: 5 extravagantes papelerías en el Centro Histórico

Tras un recorrido por las calles del Centro Histórico, compartimos esta lista de papelerías raras, exóticas, peculiares o insignes.

Nos queda claro que en el centro la vida cotidiana no se hinca ante la historia; el pasado no es motivo de asombro ni alabanza, sino que se confunde, se adapta y se somete al presente. Prueba de ello son las papelerías que ahí abundan y que contienen pasado, presente y futuro. Pero sobre todo contienen pasado. Esta es una ruta de papelerías en el centro que apela un poco a la nostalgia –y a los fetiches materialistas–, pero que al final es de mucha utilidad. Disfruten.

Casa Serra

papelerías en el centro

La tradición y la historia son la base de esta papelería con más de 100 años, que es más precisamente una tienda de utensilios para las artes plásticas.

Aunque esta tienda –por la que han pasado desde Siqueiros hasta Toledo– apele a la tradición, no se estanca. Así como mantienen materiales que se han utilizado hace más de 450 años, esta casa es también líder en tecnologías artísticas.

En su enorme catálogo se encuentran desde pinceles, acrílicos, oleos, pasteles, hasta cola de conejo, mowilith, polvo de mármol, malaquitas o curiosos modelos a escala de figura humana de madera. Además, en ocasiones abren talleres y hacen envíos a todo el país. Es un lugar muy completo para la producción visual.

QUÉCasa SerraDÓNDEBolívar 87-A, Centro
T.5709 2102+ INFOcasaserra.com.mx

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Plaza de la papelería

papelería

Ya dijo Vicente Quirarte que “la memoria es como esa tienda de chinos, donde todo se encuentra aunque no lo parezca.” Recorrer los pasillos de la Plaza de la papelería, sobre la Calle de Mesones, es un intento de recorrer los pasillos de la memoria.

El penetrante olor a plástico y los colores rutilantes de aquellos objetos que alguna vez nos volvieron locos despiertan nuestra memoria: calcomanías, plumas de colores pastel con tinta que huele a fresa, gomas –que también huelen a frutas sintéticas– y libretas de todas las formas posibles abarrotan los pasillos.

Aquí encuentras de todo, y sí lo que buscas no está a la vista con sólo preguntar a la persona que te atiende es suficiente, seguramente lo puede conseguir.

QUÉPlaza de la papeleríaDÓNDEMesones 129, Centro Histórico
T.1808 1359

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Comercial El Ancla

papelería
Por más de 80 años esta papelería especializada en bolsas permaneció entre el tumultuoso comercio de la Calle de Mesones. Recientemente, esta sucursal cerró y se cambió a la calle Talavera 23; una lástima, pues su diminuta fachada era encantadora, pero sus productos siguen siendo igual de prácticos y fascinantes.

Este pequeño local ofrece todo tipo de bolsas. De todos los tamaños y materiales. Para todos los usos. Bolsas diminutas para botones, de basura para el coche, para regalo, para plantas, para café, cucuruchos… Al imprimirle una leyenda o darle distintas formas, las posibilidades de esta tienda de bolsas son las posibilidades de la imaginación.

Además, son productores y por lo tanto uno se puede poner especial con sus pedidos. El Ancla tiene su propia fábrica en la Colonia Morelos, donde también hacen serigrafía, flexigrafía y retrograbado.

DÓNDETalavera 23, Centro Histórico.CUÁNDOLunes a viernes, 9 a 18 hrs.

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Papeles Ibañeta


papelerías

A unas cuadras del epicentro papelero se encuentra este paraíso para los apasionados de las artes gráficas. Su servicio es sencillo y su especialidad son los papeles y la materia prima para encuadernación y artes gráficas. De todo: rollos de envoltura kraft, bolsas kraft con asa, manila, rollos para sumadora, rollos para trazo y molde. El corte viene incluido con la compra del papel.

QUÉPapeles IbañetaDÓNDEMesones 31, Centro
T.5709 2633

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BONUS: Utilitario Mexicano

papelerías

Utilitario es una isla entre las aguas cada vez más dominantes del comercio chino —como en el mercado mexicano solemos llamar a todo lo asiático.

Con la idea de recuperar el casi extinto “Hecho en México”, dos colombianos –que llevaban más de 10 años cultivando el romance con los objetos mexicanos– cumplieron su sueño de abrir un pequeño espacio que recuperara artículos cotidianos de la industria típica nacional.

Si bien UM no es una papelería como tal, en sus escogidos estantes están los útiles insignes del estudiante mexicano. Cuadernos para notas, set de sellos, tote bags, lápices bicolores, sacapuntas y reglas de aluminio se encuentran entre ganchos de madera para tendedero, embudos de plástico, cepillos de ixtle y preciosas vajillas de aluminio que ellos mismos diseñan.

papelerías en el centro

QUÉUtilitario MexicanoDÓNDECalle Marsella 3a, Colonia Juárez
CUÁNDOLunes a domingo 11:00 hrs a 19:00 hrsSitio web*click*

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RIP: Papelería ZigZag, te extrañamos

Durante 80 años Zig-Zag permaneció abierta. Pareciera que estaba encantada por el paso del tiempo. Congelada allí. Sus vitrinas eran un escaparate del pasado nostálgico y ppodían ser el punto débil de quien solía visitar la Calle 5 de mayo con sus padres para comprar útiles escolares.

En sus vitrinas se encontraban verdaderos tesoros como soldaditos de plomo, globos terráqueos, cuadernos vintage de colección y todo para plumas fuente.

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QUÉPapelería ZigZagDÓNDE5 de mayo 46, Centro

Fonda Mi Lupita: inventores del “mole nupcial”, una delicia que sólo puedes comer ahí

En Fonda Mi Lupita la especialidad es el “mole nupcial”, una receta de mole perfecto, que ellos mismos inventaron en 1957.

En 1957, el matrimonio Gutiérrez Zetina abrió una fonda pequeñita en la calle Delicias que rodea el Mercado de San Juan. Como otras fondas del rumbo, ofrecían desayunos, comidas y cenas. Pero con la intención de vender más y ser diferentes, metieron platillos con mole de pueblo el fin de semana. Llevaban poco tiempo de haber llegado del Estado de México, de donde ambos eran oriuendos; él, Rosendo, era de Santiago Tianguistenco, ella, Jovita, de Ocuilan de Artiaga. Allá el mole se come mucho y cada pueblo tiene sus formas, y para venderlo en su local probaron primero con la receta de uno y no funcionó. Probaron con la otra y tampoco. “No gustó”, dice Miguel Ángel, su hijo. “Ni a ellos ni a los comensales”. Entonces decidieron hacer una suerte de casamiento entre ambas recetas: sacaron lo mejor de las dos y probando con la cantidad de ingredientes, tiempos de tostado, tiempo de freído, etc, descubrieron que “en un buen mole el secreto está en el chile”. Del experimento nació un mole de chile ancho, que sabe a tierra, dulce, acacahuatado. Un poquito a plátano. Se llama mole nupcial y sólo se puede comer aquí, en Fonda Mi Lupita.

La receta de Fonda Mi Lupita no es ningún secreto. Si uno le pregunta a Miguel Ángel, quien ahora se encarga del negocio, lo sabrá. La clave acaso está en hacer la receta como se hace en los pueblos, a la manera tradicional. Esto quiere decir: freír, tostar y cocinar bien todos los ingredientes antes de molerlos. Porque aunque suene raro, la mayoría de los lugares que hacen mole echan todo crudo; por ello caen pesado y no saben igual. Además, es importantísimo que cada uno de los ingredientes que van a la molienda del mole nupcial sean de lo más bueno: si el mole por lo regular lleva bolillo, aquí lleva moronas de panqué esponjoso. La tostada no es de harina de maíz sino de maíz nixtamalizado –la misma tortilla que usan para hacer sus enchiladas–. El ajonjolí lleva un tostado previo y así la lista se alarga. Pero lo principal es el chile: solo chile mulato, secado al sol en la sierra poblana. El chile mulato es el chile poblano seco.

Miguel Ángel recuerda los viajes que hacía toda la familia Gutiérrez Zetina sólo para comprar chiles. Cuando Rosendo y Jovita comenzaron con su receta de mole, se dieron cuenta que (desde aquel entonces) no había manera de encontrar un chile mulato en la ciudad que no se desmoronara casi cuando uno lo toca. Ni en la Central de Abasto, que en aquel entonces estaba en La Merced. Entonces se fueron a buscarlo fuera, en pueblos donde todavía los secan al sol y no los tienen guardados en bodegas. Hasta la fecha el mole nupcial lo hacen con un chile de puebla que –nos consta porque olimos una bolsa llena de ellos– esta fresquísimo y con solo olerlo se te hace agua la boca.

Al chile mulato lo desvenan, desemillan y le quitan la cola. Como en pocos lugares acostumbran. Los restos (venas, semillas y colas) los ponen en el centro de mesa en la fonda por si uno quiere que su mezcla pique más, para que pique menos, dan poquita azúcar. Pero su sazón ya es perfecto. Sin excepción, el chile limpio lo fríen y cocinan con todas las especies, para finalmente lo llevan al molino.

Todos los días sirven el mole en enchiladas “súper especiales” como las llaman ellos (y nosotros los respaldamos), rellenas de pechuga deshebrada y acompañadas de arroz y frijoles ($180 como para compartir); en tortas grandes y a buen precio o sobre piezas completas de pollo. También tienen un menú del día riquísimo y caldos de pollo que para muchos está al mismo nivel de su mole. En caso de pedir el caldo, pídanlo con la salsa especial de chipotle con piloncillo. Deliciosa. En días especiales preparan platillos especiales: romeritos, chile en nogada, bacalao. Recomendamos estar pendientes de eso, pues los tienen sólo por un día.

Hacer un buen mole toma tiempo, como toma tiempo todo lo que hace bien. “El mole suele ser pesado, pero el de aquí no”, dice Miguel Ángel, “tiene que ver con la calidad de los productos y los procesos”. Sin duda el de aquí es especial, como cuando el mole es platillo principal en las bodas de pueblo. Una ceremonia. (A la que en Fonda Mi Lupita podemos asistir cualquier día del año).

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Más en local.MX

Zacahuil: nuestro tamal callejero favorito (que es una versión miniatura del que mide 1 metro)

Información práctica

Horario: lunes a domingo de 13 a 18 horas
Teléfono: 5521 1962
Zona 7: San Juan y sus alrededores
Dirección: Buen Tono 22, esquina con Delicia, Centro.

Salón Corona: la cerveza de tarro más refrescante del Centro Histórico

Un clásico para tomar una cerveza en el centro.

En el Edificio Borda, en la esquina de Bolívar y Madero, está el Salón Corona: una de las cervecerías más tradicionales de la ciudad. Aquí no hay tragos fuertes, sólo cerveza, pero siempre, siempre está fría.

El Salón Corona es uno de esos sitios que conserva ese aire clásico entre cantina y lonchería tradicional. Las paredes muestran fotos de personas famosas que han ido a comer allí y una en particular se repite: la del momento en que los comensales observan incrédulos cómo Hugo Sánchez falla un penalti durante el mundial de fútbol de 1986. Foto que se queda para siempre en la memoria, y uno a veces regresa allí sólo a verla.

salón corona

Hoy, por menos de 100 pesos, puedes pedir una torta (deliciosa, recomendamos la de pierna) y un tarro de cerveza helada para refrescarte después de una caminata soleada por el centro.

salón corona

Pero el edificio donde está merece mención especial. Ocupa una cuadra entera y lo construyeron a mediados del siglo XVIII como uno de los grandes palacios de lo que fue la ciudad de los palacios.

Originalmente, la mansión de tres pisos hecha con tezontle rojo y cantera tenía adentro una biblioteca, comedores, 25 habitaciones, tres estudios, dos capillas, varias cocinas, dos caballerizas y una cochera. Todavía están allí los extensos balcones de hierro que permitían a sus habitantes recorrer toda la manzana sin descender a la calle.

salón corona

Con el paso de las décadas, el espacio que ocupaba la mansión se dividió en varios locales. Uno de los más famosos fue el Salón Rojo, la primer sala de cine de la ciudad que se convirtió en un importante centro social por su cercanía con el Barrio Universitario, la Casa de los Azulejos y el Casino Español.

Hay una foto de Francisco I. Madero en uno de los balcones durante un mitin de su campaña presidencial que ilustra la importancia del lugar en aquel tiempo. Hoy, como homenaje, existe una discreta estatua del ex-presidente que parece dirigir un discurso hacia la calle que lleva su nombre. Volteen arriba.  

salón corona

Información práctica

Horario: domingo a jueves de 10 a 00 horas, viernes y sábado hasta las 2
Teléfonos (Bolívar 24): 5512 9007 / 5512 5725
Filomeno Mata 18: 5510 06 24 / 5510 9016
16 de septiembre 51: 5521 1675
Sitio web: www.saloncorona.com.mx
Facebook: Salón Corona
Twitter: @saloncoronamx
Zona 1: El primer cuadro
Tags: botana, cerveza, cerveza de barril, tacos, tortas, salón corona
Dirección: Bolívar 24, Centro

Árboles Locales: Trueno, el más común (y menospreciado) de los árboles de banqueta

Hoy homenajeamos al Trueno y sus indefensas microflorecitas (que salen en la primavera), como parte de nuestra sección Árboles Locales.

LIGUSTRUM JAPONICUM O LUCIDUM;
aligustre.

Unos dicen que el trueno es un Ligustrum japonicum y otros que es un Ligustrum lucidum. Ambos vienen del lejano oriente, aunque los primeros de Japón y los segundos de China. Sea lo que sea, el trueno es un árbol pequeño con copa densa y redondeada. Por su tamaño y la moderación de su follaje y sus raíces puede plantarse en camellones y banquetas estrechas.

La belleza del trueno pasa inadvertida casi todo el año, hasta que llega la primavera, cuando al florear dejan de ser actores de relleno y se convierten en sutiles protagonistas. Aunque sus flores son muy pequeñas, espolvorean de blanco todo el árbol, como un toque final de azúcar glas. Las flores comienzan como racimos de pelotitas verdes que explotan para convertirse en estrellitas blancas que, con el transcurrir de las semanas, caen del árbol, aterrizando en cabelleras, hombros y banquetas. Estas diminutas flores despiden un olor particular que pasa desapercibido en medio del trajín de la vida; pero basta con acercarse un poco para distinguir que su perfume es, en realidad, una presencia muy familiar.

Las abejas no desdeñan esta fragancia dulzona y se dan festines en las islas nevadas de flores blancas. Estas indefensas microflorecitas pueden ser una pesadilla para los asmáticos y alérgicos varios, haciéndolos lloriquear y moquear sin descanso.

Muchas cosas se dicen sobre las propiedades medicinales de los truenos, que son astringentes y detienen la diarrea, que en China se usan para fortalecer el sistema inmunológico y para desinflamar el hígado, pero existe evidencia de que sus frutos, una especie de mora casi negra, son tóxicos para los humanos, así como para otros mamíferos. No cabe duda que el veneno de unos es el elíxir de otros, y los pájaros se deleitan comiendo sus frutos. La glotonería de las aves y su fácil crecimiento los han convertido en plagas invasoras en algunos países, donde, como conejos, se multiplican sin parar.

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Si quieres conocer otros Árboles Locales, mira el Ahuehuete y el Liquidámbar.

 

 

El Taco de Oro XEW: donde la cochinita viene caldosa y rebosada de cebolla morada

En el Taco de Oro de la XEW solamente hay suculenta cochinita. Desde 1962 la sirven en tacos, entre panes o sobre panuchos de frijol refrito.

El Taco de Oro XEW es un negocio familiar que ha sido un fiel defensor de la cochinita por más de 60 años. Desde aquel entonces –primero debajo del edificio de la XEW, ahora en un puesto angostito de la calle López, en el Centro– esta taquería le hace justicia a su nombre. Sirve la cochinita más especial del rumbo, ya sea en tacos, entre panes o encima de panuchos bien dorados de frijol refrito.

Su cochinita es anaranjada y no la desmenuzan; la pican en pequeños cubitos sin discriminar la maciza de la grasa, y en cualquiera de sus presentaciones viene caldosa y rebosada de cebolla morada en escabeche. El “taco de oro” no es mucho más que eso, pero es suficiente. Y es que la receta no la han modificado desde que Domingo Mejía, fundador de esta cocina, la perfeccionó tras años de trabajar en la cocina de una familia yucateca, a cambio de sus secretos culinarios.

En épocas especiales como la navideña preparan manitas de puerco, pollos o chamorros a la pibil, solamente por pedido. Los viernes ofrecen orden de pollo a la pibil con spagghetti. Y, desde luego, tienen cochinita para llevar ($220); para comerla al gusto y en casa, acompañada de sus tres salsas deliciosas de habanero con tomate, crema o escabeche.

Sonia, la nieta del señor Mejía, ahora atiende a los clientes rápidamente detrás de una vitrina que suda y suda –porque bien dicen que el secreto de la buena cochinita está en la humedad–. La fila para ordenar suele ser larga, el servicio eficiente y los clientes, quienes esperan bajo el compacto toldo azul, parecen estar siempre dispuestos. En El Taco de Oro XEW no hay tiempo que perder: entre que sirven y cobran el taco a $10, 2 panuchos a $28 o la torta a $25, mantienen contento al típico peatón de esta zona apresurada de la ciudad.

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Helus: una fonda de comida libanesa exquisita y casual

Información práctica

Horario: lunes a domingo de 10 a 22 horas
Zona 7: San Juan y sus alrededores
Dirección: López 107, casi esquina con Vizcaínas, Centro

El K-Guamo: sopa de mariscos al fuego, quizás la más rica de la ciudad

En el K-Guamo preparan una delirante sopa de mariscos, tostadas de ceviche de jaiba deliciosas, parrilladas y un aguachile que no se parece a ningún otro.

La mejor sopa de mariscos de la ciudad está aquí, en el K-Guamo (y nótese que en este medio casi nunca decimos “la mejor”). Es una receta veracruzana llamada Chilpachole y es espesa, sabe a chiles secos, especies y casa costeña. La cocinan directo al fuego, empapelada en aluminio, y así mismo la sirven sobre un buen platón y con un bolillo al lado. A la mesa el chilpachole llega humeante –y así se mantiene casi una hora–, rebosado de mariscos y queso, todavía agitados por el calor. Además de lo específico y lo delirante de esta sopa, el K-Guamo tiene platillos que también nos tienen en sus manos: parrilladas viernes y sábado, un aguachile de callo que no se parece a ningún otro, una tostada de ceviche de jaiba bien jugosa o cocteles preparados sin cátsup.

El chilpachole lo llevaban los campesinos durante sus largas jornadas de trabajo, por eso era importante mantenerlo caliente.
Diego Tamáriz es el anfitrión de la sucursal de Ayuntamiento 10.

El K-Guamo comenzó en un puesto de lámina en la calle López, en el Centro, hace 45 años. El puestito sigue allí, pero con los años se han sumado sucursales, todas atendidas por la misma familia. Una de ellas está detrás del puesto, otra enfrente y otra más a la vuelta de la esquina, en la calle Ayuntamiento. Este último es ya un restaurante de 2 pisos atendido por Diego Tamariz y su mamá (quien paradójicamente es alérgica a los mariscos). Los hermanos de Diego atienden el resto de los locales pues su papá, el veracruzano que comenzó el negocio, les heredó un local a cada uno para que lo trabajaran bien.

En el K-Guamo, el espadín se acompaña con tomate verde, naranja y chile piquín.
Michelada negra.

En el K-Guamo hay que abrir el apetito con un espadín y acompañarlo con rajas de tomate verde –primero acidito y luego dulce– que neutraliza el pH de la boca y mejora el trago ardiente. Después vienen las micheladas, que hay que probar alguna vez en la vida, pues derraman toda la generosidad, como el K-Guamo mismo. La michelada negra, por ejemplo, viene servida bien fría en una copa chabela (o copa coctelera), llena de clamato casi negro por las salsas y tapada con pepino, cacahuates y un guiso de camarones en salsas negras. Las hay también de otros colores: amarillas, verdes, azules. Todas con mezclas extrañas.

Aguachile de callo con salsa de aceite y chiltepín.

El menú es largo y variado, pero siempre uno tiene la opción de arrojarse a su espléndido trato (y al delicioso placer de no tener que pensar). A nuestra mesa llegó primero el caldo, como para templar el cuerpo, y luego lo frío: un aguachile de callo de hacha, que es una mezcla de ceviche sonorense y guerrerense; caldoso, con zanahoria, pepino, cebolla morada y cilantro picados muy finamente, sazonado con ajo y salsa de aceite y chiltepín. El aguachile verde de camarón vino después y duró poco, pues nos recordaron que entre más rápido lo comamos, mejor sabe. Finalmente comimos un pulpo a las brasas y ostiones Rockefeller, cocinados a la parrilla, adobados con mantequilla, mucho ajo y especies.

Las parilladas son los viernes y sábados por las tardes.

El segundo piso del K-Guamo de Ayuntamiento remite a un centro botanero veracruzano. Es un salón largo, lleno de mesas blancas de plástico y una barra de tragos, donde la luz es más tenue y música suena un poco más alto. Allí es a donde uno sube cuando quiere quedarse más tiempo a seguir bebiendo y botaneando yn par de horas más. Ya sea para comer de pasada en el puesto o en los restaurantes, la experiencia es demasiado buena; los precios son siempre los mismos, los platos igual de suculentos y el trato con los Tamariz rico y liviano. A leguas uno sabe que a esta familia le corre la sangre costeña por las venas.

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Rincón de mi tierra: un lugarcito nuevo en la Condesa que sirve carne de Chinameca (!)

Información práctica

Horario: lunes a domingo de 11 a 18 horas
Teléfono: 5915 5495
Zona 7: San Juan y sus alrededores
Dirección: Ayuntamiento casi esquina con López, Centro

La Purísima: una cerería en el Centro que aún fabrica velas artesanalmente

La Purísima es un negocio familiar que lleva en pie casi 100 años. Fabrican velas y cirios artesanales de cera de abeja o parafina.

En La Purísima el señor Olivares atiende a sus clientes entre el mostrador y una pared verde pistache, de donde cuelga un muestrario de cirios (las velas típicas de las iglesias mexicanas). Del techo cuelgan velas de colores extravagantes que casi tocan la cabeza del comprador. Parecen de papel china. José Olivares es parte de la tercera generación familiar de cereros: su abuelo abrió La Purísima hace casi 100 años, primero en la calle de Colombia, donde todavía es la matriz, después en la calle de Mesones.

la purísima

la purísima

Para cuando La Purísima abrió, la Ciudad de México tenía poco tiempo de tener electricidad. Los primeros focos eléctricos llegaron en 1881 y fueron reemplazando los mecheros de gas y aceite que alumbraban las calles. A principios del siglo XX, no todas las casas tenían luz eléctrica y las velas eran cosa de todos los días. Una necesidad. Además de las casas, los clientes principales de las cererías eran las Iglesias que siempre tenían varios cirios prendidos e iluminaban todo su alrededor con velas en las fiestas patronales. 

El negocio de la cerería ha cambiado con los años, naturalmente: “Ya no es como antes, que usted iba a una iglesia y tenían muchas velas y arreglos. Ahora no hay más que uno o dos cirios chiquitos y ya”, dice el señor Olivares.

El comercio de las velas sigue en pie, pero los que todavía son fabricantes (a la vieja usanza) ya se cuentan con los dedos de una mano. Las iglesias, tanto en la Pascua, Día de Muertos, Año Nuevo y fiestas patronales siguen siendo los mejores clientes, pero nosotros fuimos a visitar la tienda porque es de los poquísimos lugares donde uno encuentra velas decorativas bien hechas y delicadas, para todos los gustos, incluso aromáticas. Y, desde luego, mucho más bonitas que las que venden en los supermercados. Más especiales. 

En La Purísima ellos mismos fabrican las velas, veladoras, cirios. Por eso hay decenas de ellas, de todos los colores y tamaños. Desde que se prohibió que hubiera fábricas en el Centro, la de La Purísima está en otra parte de la ciudad, pero todos los pedidos se hacen directamente en los locales. El oficio del cerero, como el de la familia Olivares, implica hacer la vela desde cero, artesanalmente, ya sea de la forma tradicional (“en baño”) o con molde.

La forma tradicional se hace con un aro de 2 metros de diámetro que tiene clavos en toda la circunferencia. De esos clavos amarran pabilos y los van bañando en capas y capas de cera de abeja hasta formar una vela que queda puntiaguda y que luego cortan para que quede cilíndrica. En cambio, el método con molde lo usan para las velas de parafina (destilado del petróleo) y para las velas escamadas: las que cuelgan del techo en la tienda y venden para las fiestas patronales.

Para lograr una sola de estas extravagancias necesitan una semana: un molde para cada hoja y cada flor que luego enchinan con la mano y finalmente arman con alambre y cera de Campeche, que sirve como pegamento. Estas son bajo pedido especial.

En La Purísima son maestros en su oficio. En algún momento impartieron talleres para compartir este conocimiento y método, pero ya no les da tiempo. Tenemos suerte de que aun exista este local verde pistache de un oficio en vías de extinción. El señor Olivares tiene el trato más agradable y un catálogo de velas completo con precios justos y servicios a la medida. Suficiente para volvernos sus clientes, como los que conservan desde hace años. 

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Tardan: la mítica sombrerería en el Centro Histórico con las mejores piezas de la ciudad

Datos duros

Horario: lunes a sábado de 9 a 19 horas
Teléfono: 5522 2624 / 5542 5492
Zona 5: La Merced y sus alrededores
Dirección: Mesones 172, Centro

Tardan: la mítica sombrerería en el Centro Histórico con las mejores piezas de la ciudad

Hace más de 170 años que “De Sonora a Yucatán se usan sombreros Tardan”. En la tienda hay de fieltro, lana, pelo de conejo, seda o palma de Panamá…

Los muchachos de antes iban trajeados y ensombrerados; para salir a cualquier parte, el sombrero era indispensable, y todos los (buenos) sombreros eran Tardan, esa mítica sombrerería del Centro Histórico que lleva en el mismo sitio más de 170 años. Sus sombreros tocaron las cabezas de Don Porfirio, Zapata y Lindbergh. Y las ventas siguen, desde su vista privilegiada frente al Zócalo y bajo los arquitos de Plaza de la Constitución.

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Fotografía de época, cortesía de Tardan

Tardan se fundó en tiempos de Santa Anna, cuando las tropas estadounidenses acababan de poner su bandera en la portada de Palacio Nacional. Con todo y la invasión extranjera, bajo el “Portal de los Mercaderes” –ahora Plaza de la Constitución–, comenzaban a prosperar comercios, entre ellos una sombrerería que importaba piezas desde Europa y Estados Unidos. Se llamaba “El Castor” y fue comprada por un empresario francés de apellido Dallet.

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Fotografía de La Ciudad de México en el Tiempo

Dallet frecuentaba el café “El Cazador”, en la esquina de Plateros y Monte de Piedad, justo a la vuelta de la sombrerería. Ahí conoció a Charles Tardan, un francés adolescente que se ganaba la vida como mesero y que le cayó muy bien. Pronto lo invitó a trabajar con él, por ahí de 1880.

Tardan demostró ser laborioso y tener buen ojo para los sombreros y los negocios. En 1899 compró definitivamente la tienda, junto con sus hermanos, y convirtió su apellido en una marca que conocerían todos. “De Sonora a Yucatán se usan sombreros Tardan” : la frase (y los sombreros) recorrieron el país y las calles de la ciudad en un tiempo en el que vestir la cabeza era indispensable.

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Ahora, con el ir y venir de la moda, el sombrero ya no es necesidad pero si elección de gusto. Uno bueno y cuidadoso, que sigue siendo la especialidad de los Tardan. Los hay de lana, piel de liebre; seda, fieltro y finísimos, de pelo de conejo. (Hay, desde luego, crueldad animal detrás de algunas pieles, así que recomendamos limitarse a pieles de animales comestibles). Los precios van de los 500 a los 5 mil. Hay para todos los gustos: de suave palma panameña ( $2,000), fieltro de lana walton ($1,286) o completamente lana ($1,050).

Los sombreros viven en amplias vitrinas de cristal, al estilo de las boutiques, y en la entrada al cliente lo recibe una cafetería que inauguraron hace algunos años, con sus mesitas que dan a Palacio Nacional. En tiempos en los que escaseaban los que quisieran usar sombrero, los Tardan ampliaron horizontes y empezaron a fabricar e importar cinturones, carteras, blusas y guayaberas, aunque lo más especial siguen siendo sus cientos de modelos para cabezas.

tardan

Tienen una tienda en línea con todos los productos, aunque en definitiva lo mejor es pasear entre las vitrinas del Centro Histórico, probarse unos cuantos y elegir, entre sus cien opciones, el Tardan más especial.

QUÉTardanDÓNDEPlaza de la Constitución 7, Centro Histórico
CUÁNDOLunes a sábado de 10 a 19 hrs.

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Sombrerería Escandón: sombreros finos con 70 años de tradición

Empieza el festival Son para Milo: 3 días de sones, tlayudas y molotes

Este fin de semana, en la explanada de la Delegación Iztacalco habrá música y baile jarocho, huasteco, oaxaqueño, guerrerense y puestos de comida regional.

Este festival empezó en 2002 a modo de un alegre funeral en honor del maestro Hermilo Rojas Aragón, de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros. Hermilo, o Milo, como le llamaban de cariño, fue director del grupo de danza tradicional de la Nacional de Maestros, el Taller de Danza Tezcatlipoca. Su fama como maestro y bailarín aún trasciende y cada año se le recuerda en este encuentro que lleva su nombre, y que ha crecido hasta convertirse en lo que es hoy: un gran festival de música y danzas tradicionales de toda la República, sin igual en el país. La edición de este año es este fin de semana; 6, 7, 8 y 9 de septiembre.

son para milo

El festival, que desde 2016 se realiza en la explanada de la delegación Iztacalco, reúne a aproximadamente un centenar de agrupaciones de todos los géneros tradicionales que, a lo largo de cuatro días y sobre dos escenarios, hacen gala de su talento. Desde los músicos hasta los organizadores, todos participan de forma voluntaria, sin cobrar. Alrededor de los dos escenarios hay varias zonas de puestos de artesanías e instrumentos. Comida, talleres, zancudos, trajes regionales, máscaras; en esta fiesta de cuatro días todas las tradiciones están presentes.

En tres días habrá conciertos de música jarocha, huasteca, guerrerense, hidalguense, oaxaqueña; comida regional como zacahuil y otras variantes del tamal, mole en distintas presentaciones, tlayudas, moles, molotes, bocoles, pozole, chocolate, café, jobito, tejate, chilate, amaranto, nieves y dulces. También habrá talleres de textil, cerámica, juguetería, filigrana, papalotes, entre otros.

La programación se puede ver aquí. Es extensa y accesible, así que hay mucho de donde escoger.

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DÓNDEDelegación Iztacalco en Río Churubusco esq. Té, col. Gabriel Ramos Millán.CUÁNDOJueves 6, viernes 7, sábado 8, domingo 9 de septiembre.

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