Sobre la calle 5 de Febrero, nuestro estimado botiquín urbano

Así como Tacuba es la calle de los herreros y Bolívar la de los músicos, el destino de la calle 5 de Febrero quedó marcado por sus boticas.

La botica más antigua de la que se tenga registro en la ciudad apareció en el último tercio del siglo XVIII, estaba en la calle de la Monterilla, hoy 5 de Febrero. Aunque es muy probable que ese no haya sido el primer expendio de medicinas en la ciudad, a partir de entonces el destino de ese tramo de la ciudad quedó marcado y se convirtió en la calle de las boticas.

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Al igual que muchas calles del Centro, 5 de Febrero tiene un grupo de clientes muy selecto. Allí van quienes buscan una solución efectiva para un dolor de garganta, una torcedura o un catarro. El que esta calle sea conocida por sus boticas no es ninguna coincidencia, a una cuadra de ahí está el Hospital de Jesús, el más antiguo del continente y que en 1524 Hernán Cortés mandó construir en el mismo lugar en que abrazó a Moctezuma II por primera vez. 

5 de Febrero, el botiquín de la ciudad

Desde su apertura el Hospital de Jesús se convirtió en el centro de la ciencia en la Nueva España. Cortés abrió el edificio con la finalidad de “curar a los españoles enfermos de calentura”, aunque nunca pensó que años después sería el escenario de la primera autopsia del continente en 1536. Sobre ese procedimiento histórico, el médico Cristóbal Méndez escribió: “Yo vide en México abrir un niño y le sacaron una piedra de casi tamaña con un huevo”. 

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Poco más de un siglo después, en 1646, el cirujano, barbero y sangrador del Santo Oficio, Juan Correa, realizó la primera disección anatómica con fines didácticos en México. Con todos estos antecedentes, era cuestión de tiempo para que a alguien se le ocurriera abrir la primera botica a unas calles del célebre hospital.

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Los boticarios del siglo XVII tenían que saber latín porque, al menos en México, basaban todas sus recetas y remedios en el Libellus de medicinalibus indorum herbis un libro de medicina y herbolaria principalmente indígena recopilado por Martín de la Cruz y traducido al latín por Juan Badiano. Además de eso, su preparación debía incluir estudios cristianos, 4 años de práctica con un boticario veterano y tener más de 25 años de edad. Todo esto para que sus clientes no repararan en confiarles su salud.

Las boticas más exitosas

En 1870 el médico Manuel Legorreta abrió la primera farmacia homeopática de la ciudad, le siguió la Farmacia Central Homeopática de Ignacio Fernández. Ésta última abrió sus puertas en 1890 y fue el lugar de cabecera para Porfirio Díaz e Francisco I. Madero, quienes creían, como muchos de sus contemporáneos, que la homeopatía era la octava maravilla del mundo.

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Quizá la botica responsable de que 5 de Febrero siga siendo el botiquín de la ciudad es la Farmacia París, fundada en 1944 por Ignacio Merino y alrededor de ella han abierto y cerrado infinidad de negocios a los que todo mundo ha ido a parar por lo alguna vez, ya por una dolencia o para comprar material para alguna tarea de biología.

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