¿Estás en la lista? Breve historia de bares y antros gays en la Ciudad de México (1960-2000)

Del Safari en los sesenta hasta El 14 en los noventa, Local.mx hizo un mapeo de la vida nocturna gay a través de tres décadas.

Con el afán de contribuir a la visibilización y documentación de nuestra historia, Local.mx hace un recorrido por los bares y antros de “ambiente” en la Ciudad de México desde 1960 hasta el año 2000. Están ordenados por década, con su nombre, dirección, años en el que existieron y una pequeña descripción “de sus usos y costumbres”. Obviamente no están todos los antros gays porque eso sería imposible. Pero más adelante prometemos mapear los baños públicos, saunas, gimnasios, parques, restaurantes y esquinas de la ciudad que sirvieron como espacios de socialización y ligue homosexual durante esas tres décadas.

60´s

Durante la primera mitad de la década de los sesenta, la vida no era fácil para los gays de la Ciudad de México ni para otros “pecadores”. Tenían que vivir prácticamente en la invisibilidad, sobre todo a los que les gustaba la noche. Esto se debió a que, después de un crimen muy publicitado, el “regente de hierro” Ernesto Uruchurtu, quién gobernó la capital de 1952 a 1966, desató una campaña de represión moralista y clausuró cabarets, persiguió la prostitución y cerró casi todos los bares de ambiente. Sin embargo, algunos lugares de encuentro florecieron, como el Safari.

El Safari

(esquina de Havre y Hamburgo en un edificio que fue demolido, Zona Rosa. Cerró en 1966)

Es considerado el primer antro abiertamente homosexual. La única razón que permitía la existencia de un lugar así, durante la época uruchurtiana, era que le pertenecía a Fernando Romero, jefe de la Policía Judicial del DF (que se decía era gay). Estaba decorado con motivos africanos: pieles de tigre, lanzas entrecruzadas y máscaras aborígenes. Había orquesta en vivo. Se hizo famoso cuando Chavela Vargas hizo allí una larga temporada, y su presencia convocó a la intelectualidad mexicana influenciada por Sartre y Simone de Beauvoir. El Safari tenía tres sectores perfectamente definidos: el lado sur (la Caldera del Diablo), ocupado exclusivamente por hombres homosexuales, el norte (el Cuadrante de Lesbos), por lesbianas, y el centro por una mezcla de concurrentes heterosexuales y cuatro o cinco prostitutas que lo mismo aceptaban hombres o mujeres.

70’s

En 1968 las cosas empezaron a cambiar. A nivel mundial: el movimiento feminista, los hippies, la liberación sexual y los disturbios de Stonewall y, a nivel nacional: el movimiento estudiantil y las Olimpiadas marcaron el rompimiento con la tradición de ocultamiento, represión y silencio de los homosexuales mexicanos y abrieron las puertas para un futuro de mayor libertad. Paralelamente, en estos años surgió el movimiento de liberación homosexual mexicano que contribuyó a conquistar visibilidad y derechos. Como resultado, se abrieron varios lugares de ambiente en la ciudad para socializar y reafirmar la nueva identidad “gay”. Durante el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976) entró una agenda progresista (se impulsó la promoción de métodos anticonceptivos y se fortaleció la educación sexual), pero era común que en los establecimientos gay hubieran redadas y fueran clausurados. Fue hasta el sexenio de López Portillo (1976-1982) cuando por fin se relajó la moral y aparecieron más bares y antros gays en la ciudad.

El Villamar (sótano en un edificio muy cerca de la Alameda, Colonia Centro) Fue una cantina “de mala muerte” que también le llamaban L’Hardy’s. Fue la primera en atender abiertamente a la clientela homosexual en un ambiente puramente masculino. Habían mariachis, cervezas y pollos rostizados.

El Topo (cerca del monumento a la Revolución, Colonia Tabacalera) era un sótano con aires clandestinos. Tenía fama de ser muy permisivo y sufría de constantes redadas policiacas.

El Don (principios de los 70) Un restaurante-cantina donde los clientes podían tomar, platicar y ligar discretamente, pero no bailar. Era un lugar mixto donde asistían muchas lesbianas.

Mío Mundo ó Piccollo Mondo (Atenas y Bucareli, Colonia Juárez, 1974) El primer lugar gay del empresario Oscar Catalayud.

El Penthouse (Manzanillo 100 Piso 15, Colonia Roma, 1975-1977) Bar clandestino del Calatayud que estaba en una azotea. Fue cerrado después de una redada.

El Deval o D´Val (Baja California casi esquina con Insurgentes, Colonia Roma, 1976-1979) También de Catalayud, lugar de mucho éxito con show trasvesti. Dirigido por Martha Valedespino y animado por Samantha Flores. Frecuentado por la actriz Isela Vega.

El Famoso 41 (en la Colonia Juárez). Un cliente lo describe así: “era una versión de Studio 54 en donde celebridades se mezclaban con todo tipo de gente, al igual que Studio 54, tenía un sótano”.

El Paseo Piano Bar (Av. De la Reforma 146, Col. Juárez) a un lado del University Club, este piano bar tenía un ambiente distinguido. No cobraban cover. Todavía en la década de los noventa estaba abierto y lo frecuentaban hombres mayores de arriba de 40.

El Reno´s (Reforma 276, Zona Rosa) restaurante-cantina, para tomar, platicar y ligar discretamente, no para bailar.

Otros que vale la pena mencionar eran El Chaplin y el Charada (Mariano Escobedo), Bagoas (Monterrey esquina con Chiapas), Las Canastas y el Bar Belvedere del Hotel Continental Reforma.

80’s

A mediados de los setenta empezó a ocurrir un cambio: hubo una transición de los establecimientos más tradicionales de restaurant-cantina, en donde se podía tomar y hablar (pero difícilmente bailar en pareja), al concepto estadounidense de discoteca. Surgieron lugares como El 9 o Le Barón, un nuevo modelo de disco-bar donde bailar era lo principal. A principios de los ochenta y después de una larga lucha, los gays ya estaban listos para vivir en plenitud su liberación. Desafortunadamente, aires conservadores comenzaron a soplar en la política, en la sociedad y en la economía, reforzados con la aparición del VIH/Sida en 1983. La epidemia, una experiencia devastadora para la comunidad gay, llegó a reforzar estigmas contra los homosexuales y orilló a muchos a regresar al closet.

Le Barón (Insurgentes Sur a una cuadra del Parque Hundido, Colonia Insurgentes Mixcoac, desde mitad de la década de los setenta). Muy famoso disco-bar que estaba siempre lleno, donde asistían hombres de un muy amplio rango de edad y de niveles socioeconómicos medios y altos. Bailar, tomar alcohol y ligar eran las principales actividades del lugar. Estaba abierto toda la noche. Era un gran galerón “espantoso” y obscuro “con techo de gallinero”, con una cortina de terciopelo y decorado con foquitos navideños. Duró muchos años abierto y curiosamente no sufrió redadas, ni lo cerraron. Sin embargo, algunos clientes eran maltratados por los policías judiciales que lo administraban. En palabras de Luis González de Alba: “En Le Barón (que escribían de forma espantosa como L’Baron) reinaba el maltrato desde la entrada hasta la hora de salir, casi siempre al rayo del Sol, hasta en día de elecciones presidenciales. Sólo siendo propiedad de algún muy, pero muy alto político, habría podido cometer tales faltas impunemente”.

antros gay
El Nueve. Foto de Pedro Meyer

El Nueve (Londres 156, Zona Rosa, 1977-1989): El icónico disco-bar de los ochenta. Un proyecto de Henri Donnadieu, El Nueve abrió sus puertas en 1977 como un restaurante en plena Zona Rosa y al poco tiempo fue transformándose en bar. Retiraron las mesas y pusieron música para bailar. En palabras del escritor José Joaquín Blanco:

“El ascenso del 9, de un barecito casi café, modosito y pacato, al antrazo elegante que llegaría a asombrar y a escandalizar a medio mundo, se debió al incremento intensivo de la corrupción policiaca durante el gobierno del “general” Arturo Durazo; digo, del presidente López Portillo. Resultó que, de pronto, el bar abría hasta las tres, cinco, siete, ¡nueve! de la mañana; que llegó la música disco y se pudo bailar entre hombres, abrazarse, besarse, fajar; que nunca, ni en lunes, cabía un alfiler, y hasta se formaba una larga y morosa cola a la entrada, sobre la calle de Londres. Pálidos de envidia, los jotos viejos asistían a los privilegios de la nueva generación […]”.

El 9 acabó siendo un espacio polifacético donde se podía tomar, bailar y ligar, escuchar conferencias, ver proyecciones de películas, organizar fiestas privadas y presenciar espectáculos y conciertos de bandas nuevas. Era un lugar mixto para “la gente bonita que no discriminaba”, donde iban gays y sus amigas, lesbianas, trasvestis, bugas curiosos, tribus urbanas de aquella época como los new wave, artistas e intelectuales. Era animado por vestidas y trans como Xochitl, La Vite y Alejandra Bogue. Mientras que para unos el 9 era un espacio vanguardista y contracultural, para otros era un tanto superficial, elitista y pretencioso. Como no era un lugar barato, lo frecuentaba solo la clase media y alta. Luis Gonzáles de Alba alguna vez contó: “En la Zona Rosa existía el Bar 9, con demasiados aromas a loción cara en los muchachos y a buenos perfumes en las abundantes mujeres heterosexuales que asistían porque tenían amigos gays, son las joteras o fruit flies”. El Nueve está inmortalizado en el libro Tengo que morir todas las noches del periodista y escritor Guillermo Osorno.

antros gay
El Spartacus Foto: FB Spartacus

Spartacus (Av. Cuauhtémoc 8, Ciudad Neza, 1984-hoy) Este es el centro nocturno legendario que ha sobrevivido hasta hoy con una atmósfera electrizante, extravagante y heterogénea. Aquí “los clientes tienen todo: espectáculo, ligue, personal atractivo, zona para caminar y platicar, nuevas amistades, terraza romántica, cuarto obscuro, gogos, stripers, show trasvesti y muchos tacos de ojo”. Acuden gays de clase media baja y de la zona oriente, pero también, por las grandes exponentes del travestismo, van figuras de música alternativa, y algunos “antropólogos urbanos”. La cantante Alaska era asidua e incluso tuvo presentaciones allí. En el Spartacus hay una fusión de música tropical, banda, norteña, techno y pop.

Kagba (Carlos Arellano 4, junto a Plaza Satélite, a partir de la segunda mitad de la década de los 80) Ubicado en Satélite, el Kagba funcionó como uno de los principales y más exitosos antros de ambiente gay y lésbico. Era para niveles socioeconómicos medios y altos, con un elevado precio de acceso y de bebidas. Roberto Silva lo recuerda así: “Era una disco en serio con decoración tipo Baby O. Ahí iban todas las televisas, como las cachunes, modelos, actores… super fresa y la música era pop.”

Cyprus Bar (Florencia 67 entre Londres y Liverpool, Zona Rosa) En un segundo piso, el Cyprus era originalmente un burdel hetero. Luego fue para gays “más mayores” de clase media aunque también iban los jóvenes, especialmente los domingos. Tenía pista de baile, espejos en las paredes y alfombras rojas. Fue clausurado por la delegación.

Luis Gonzlez de Alba
Luis González de Alba Foto: Twitter/Foto: @LuisGonzlezdeA

La Cantina del Vaquero (Algeciras 26, Plaza Armand, Insurgentes Mixcoac, 1985-2005) El Vaquero era propiedad del periodista y escritor Luis González de Alba. Lugar exclusivo para el público masculino que gustara de vestir pantalón de mezclilla y botas, y nada de loción. El bar convocaba, por lo general, a hombres mayores de 30 años, pero también asistían algunos más jóvenes. Contaba con un cuarto obscuro donde se proyectaban películas pornográficas. Al principio tenía aserrín en le piso, una barra de segunda mano, una tina de baño vieja para orinar, una sinfonola y una carreta rodeada de bancos altos. También funcionó como centro de atención y de información del VIH/SIDA.

El Taller (Florencia 37, Zona Rosa, 1986-2013) Bar legendario de la ciudad también fundado por Luis Gonzáles de Alba. Originalmente, El Taller era un espacio inspirado en los bares estadounidenses de los setenta y ochenta, especialmente los de San Fransisco. La aspiración era la de hombres varoniles y rudos, que cumplieran con el cliché del vaquero, mecánico o policía, lejos del homosexual afeminado. No se le permitía la entrada a mujeres, ni a trasvestis. Sólo a hombres, y preferentemente los que trajeran jeans, camista blanca de tirantes (tank tops) y/o accesorios de cuero. Estaba en un sotano obscuro decorado con maquinaria industrial. Tenía barra, pista de baile, cabina de dj y cuarto obscuro. Se podía tomar, ligar, bailar, socializar y ver espectáculos. Incluso sirvió como sede para reuniones de divulgación sobre el VIH y apoyo a sus portadores. No había cover y las bebidas eran accesibles, por ello había una clientela amplia tanto de edades como de niveles socioeconómicos. El martes era el día más concurrido.

Algunos otros bares y antros de la época fueron El Happening, Copa de Champaña, Infinity, Rose’s Garden.

90’s

A finales de los ochenta y principios de los noventa, el Departamento del Distrito Federal cerró varios bares y discotecas con el pretexto de las drogas, incluyendo el Bar 9. Por ello, las fiestas privadas empezaron a tener auge. Los raves se pusieron de moda y los antros pasaron a segundo plano. Paralelamente, en ésta decada, la comunidad gay fue socialmente más aceptada y se volvió un mercado muy atractivo (y lucrativo). Ya para mediados de la década, los espacios de ocio de ambiente volvieron a proliferar y los gays salieron masivamente a ellos. Con la llegada de un gobierno a la ciudad más progresista en 1997, los gays empezaron a conquistar derechos incluso en el espacio legal. Ésta década también representa el fin de los años de interacción presencial, antes de que el internet cambiara las formas de sociabilizar (y de ligar) dentro de nuestra comunidad.

El Butterflies (Izazaga 9 casi esquina con Eje Central, desde mediados de los ochenta hasta el 2011) Una bodega-discoteca enorme abarrotada con un público mixto, principalmente gays mayores de clase media. Famoso por su legendario show trasvesti. Pero también estuvieron presentes en el escenario estrellas de “verdad” como Laura León y Yuri. Un cliente lo describe así: “Si te gusta usar, jeans, botas y sombrero, este es tu lugar. Despues del show (bueno, por cierto) te recetan un buen rato de salsa y musica tropical. Ah! lo baños, horribles!”.

Sax (Cda. Salamanca, Colonia Roma, a media cuadra de Palacio de Hierro, principio de los noventa) Un bar galería con varios cuartos en la planta baja de un edificio. De buen gusto y medio fresón.

Mayday (Calzada San Agustín 200, Echegaray, principios de los noventa) Un antro para bailar en la Zona Esmeralda. Originalmente allí estaba el Andy Bridges (de Andres Puentes, el esposo de Tatiana). Tenía una escultura de un avión en la pared arriba de la pista.

El Caztzi (Carlos Arellano 4, junto a Plaza Satélite) Disco-Bar. El Kagba de los ochenta se transformó en El Caztzi de los noventa. ¡Miau!

El 14  o Las Adelitas (República del Ecuador 10, Centro Histórico 1989-1998) A unos pasos de Garibaldi, este antro era famoso porque los militaren lo frecuentaban. Símbolos eróticos para algunos gays, los militares, una vez borrachos, le daban vuelo a la hilacha. Había show de sexo en vivo, strippers y trasvestis. Bastante mixto, pero principalmente iba la “raza”. Cómo decía un cliente: “Ahi puedes ver de todo y puede ser que te diviertas si no vas en pose de divinidad”.

Anyway (Monterrey 47, Colonia Roma, mediados de los noventa a 2005) El “Any” era un antro de tres pisos y de tres pistas con música diversa. Había un espacio de música techno.  Era ideal para bailar, obscuro, con la música a todo volumen, con ambiente mixto: una parte del espacio estaba destinada para la convivencia entre mujeres y otro para hombres, era de niveles socioeconómicos mezclados y edades diversas. El precio de entrada no era muy elevado y las bebidas eran accesibles. Te podías quedar hasta las 6am.

El Ansia (Algeciras 26 Colonia San José Insurgentes, a un lado de la Cantina del Vaquero, de finales de los 90 hasta el 2008) Un lugar chiquito para tomar y bailar, Iban hombres de entre 25 y 40 años de la clase media del sur-poniente de la Ciudad de México. El cover era moderado.

Living (Orizaba 146, Colonia Roma, finales de los noventa) Dentro de una vieja casona porfiriana, este antro era uno de los favoritos de los que les gustaba la fiesta: tomar, bailar, ligar y/o meterse dulces. Tenía un aire cosmopolita gay noventero. Tocaban DJ’s en vivo. Estaba dividido en varios “ambientes”: uno de música electrónica, otro de pop y otro de tipo lounge. En la parte de arriba había algunos cuartitos que eran conocidos como “los privados”, que aunque no llegaban a dark rooms, en ellos ocurrían fajes intensos. Asistían hombres musculosos sin camisa que bailaban en tribu, también iban circuiteras, lenchas y bugas. Era bastante exclusivo, pues su precio de acceso era elevado y sus bebidas eran caras. Luego se mudó a otra casona antigua en el Paseo de la Reforma y luego a otra casona en Bucareli, donde su éxito decayó hasta cerrar sus puertas.

El Box (Versalles 64, Col. Juárez y después se mudó a Nueva Granada) Un antro famoso lleno de aspiraciones cosmopolitas. Ideal para bailar. Tuvo dos sedes, uno en la colonia Juárez y otra en la colonia Granada (al norte de Polanco). Ambas eran salones muy grandes. El de la Granada fue originalmente una bodega. Tenía una separación de espacios por tipo de música: electrónica y pop. Habían DJ’s en vivo. Los clientes eran sobre todo  hombres, pero también asistían mujeres. Era un espacio que mezclaba clases sociales y grupos de edad, en buena medida, porque en ciertos horarios, la entrada era gratis. Sin embargo, era bastante fresón y elitista; especialmente porque el precio de entrada y las bebidas era generalmente caras. Una comadre lo describe “con aires de muy nice, este lugar se retaca a tal grado de que no puedes mas que engentarte”.

La Planta Baja (Álvarez de Icaza y Av. 20 de Noviembre en La Obrera, mediados de los 90). En una cuchilla en la colonia Obrera estaba la Planta Baja, un espacio amplio, bien decorado y bastante iluminado que invitaba a socializar y a bailar. Funcionaba sólo los domingos. Aunque el ambiente era fresón, por lo menos era más sofisticado que el Box. Fue uno de los lugares que abrieron los promotores conocidos como Las Truchas.

Penélope Mix Club (Antonio Caso, Col. San Rafael, finales de los 90 principios del 2000) En el mismo lugar anteriormente estaba el antro La Bola de Las Truchas. Después se convirtió en Penélope, un lugar de ambiente fresa, con DJ´S en vivo, música comercial mexicana y extranjera, pista de baile y luces de discotheque. Lo inauguraron con un concierto de los Village People y posteriormente estuvieron allí Gloria Gaynor y Paulina Rubio.

El Antro (Londres 77, Zona Rosa) Disco bar muy grande y amplio. Un cliente asiduo lo describe así: “tiene para todos los gustos, piano bar, pista de baile, sala de strippers, sala de videos y cuarto obscuro. La decoración del lugar es pésima, y algunos de los meseros estan forrados con plastico de taco sudado; de ahi en fuera todo bien”. Había gran variedad de espectáculos, desde tardeadas los domingos hasta concursos vanguardistas, como el certamen Mr. Plátano Macho.

El Viena (República de Cuba 23, Centro Histórico, desde los 50’s) Comenzó siendo una cantina tradicional, sencilla y tranquila, pero en algún momento fue remodelada y ampliada y perdió todo su charm. Tradicionalmente era un lugar para tomar cerveza y platicar, ahora tiene rockola y pista de baile. El Oasis (República de Cuba 2) está a un lado, y es menos pretencioso. Hay karaoke y show trasvesti. Tocan banda, salsa y pop.

El 33 (República del Perú 19, esquina Eje Central, cerca de Garibaldi, Colonia Centro) Fue uno de los afters por excelencia. Conocido como una cantina de vestidas, teporochos y todo tipo de fiesteros hard-core. Bastante decadente y con mucha onda.

Tom’s Leather Bar (Insurgentes Sur 357, Condesa, principios de los 90 hasta hoy) Un bar exclusivamente de hombres que es lo más cercano que tenemos a un leather’s bar. Su decoración pretende ser medieval y cuenta con show de strippers y pantallas que constantemente pasan pelis porno. Es frecuentado, por lo general, por hombres mayores de 30 y hasta de 55 años. Para llegar al baño tienes que pasar por el cuarto obscuro, lo cual funciona muy bien después de que las cervezas, el porno y los strippers ya te hicieron efecto. Cobran el acceso que incluye un par de cervezas.

Cabaretito (Londres 161 Piso 2, Plaza del Ángel, Zona Rosa, 1998 hasta hoy) Disco bar particularmente apropiado para los jóvenes de 18 a 25 años. Lo principal es bailar, incluso existen dinámicas y hasta competencias de coreografías grupales sobre diferentes éxitos pop. Hay espectáculos de cabaret, de drag y otros eventos teatrales o incluso conferencias. Van jóvenes de clases medias bajas o sectores populares ya que no hay precio de acceso y las bebidas suelen ser las más baratas de la Zona Rosa. Fue el primero de muchos.

La Casita (Av. Insurgentes Sur 228, Colonia Roma, principios de los 90 hasta hoy) Una casa enorme que fue y sigue siendo un lugar para encuentros sexuales fortuitos. En pocas palabras, es un sex club. El sitio solo aporta música y preservativos, en ocasiones venden cerveza. Abre las 24 horas del día, los 365 días del año.

Otros bares y antros de esa década fueron El Numerito, El 14 Tacuba, El Amsterdam, La Bola, Dreams, El 5, High Society Club, La Chaqueta, El Privatta, El Ángel Azul, Dandy’s Le Club, El Clandestine, El Almacén, El Túnel, El Arcanos, Colibrí, Cosmos, La Estación y La Cita.

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