Peluqueros en la calle: para disfrutar del paisaje mientras te cortan el pelo

La tradición de cortarse el pelo en camellones, banquetas, parques y plazas todavía sobrevive en varias colonias de la ciudad, le llaman “de paisaje”.

Las banquetas de la Ciudad de México siempre han estado ocupadas por comerciantes tratando de ganarse la vida. Desde la época de los mexicas, ambulantes, trabajadores, artesanos y artistas han utilizado la vía pública cómo su escaparate para vender productos y ofrecer servicios. Hoy en día, el ambulantaje (conocido también como comercio informal) genera el 40% del PIB de nuestra ciudad y le da de comer a decenas de miles de familias. Hay que decir que su presencia en el espacio público humaniza, dinamiza y embellece (desde mi punto de vista) a la ciudad.

Corte de cabello con paisaje

Entre los miles de giros comerciales que ocupan las banquetas, los parques, las plazas y los camellones, encontramos algunas peluquerías y estéticas que prestan sus servicios al aire libre, bajo lonas o en puestos semi-fijos y fijos. La tradición de cortarse el pelo en plena calle es añeja e inevitablemente nos remite a los extintos peluqueros del camellón de la calzada Ignacio Zaragoza. Ellos eran conocidos como los peluqueros “de cuatro vientos” porque, según cuentan con humor, “te llegaba el aire por todos lados”. También se les conocía como los peluqueros “de paisajito” ya que, como parte de su servicio, ofrecían a sus clientes dos opciones: el corte de cabello con paisaje, que permitía al cliente disfrutar de una vista hacia la calle, y el corte sin paisaje, que era la opción más barata y consistía en mirar directo a la corteza del árbol que el cliente tenía enfrente.

peluquerías de paisaje
Fotos de: Manuel Álvarez Bravo / Lola Álvarez Bravo, 1950

Todos los días, a partir de las 6 am, los peluqueros de paisajito armaban una instalación al aire libre en pleno camellón: ponían sus sillas de peluquería, colgaban sus espejos en los árboles y acomodaban “sus peines, cepillos, maquinas de mano, navajas, piedras para afilar, asentador de cuero para pulir la navaja y el ‘chambelán’, un objeto con el que esparcían agua a sus clientes”. Vestidos de bata blanca, atendían a hombres y a niños que acudían allí “por un casquete corto regular de a peso” y lo hacían con una precisión en el uso de navajas y tijeras y con una rapidez legendaria. Cuentan que cuando quitaron el ferrocarril y con la llegada del metro, fueron desapareciendo uno a uno. Todavía en el año de 1992 sobrevivían dos peluqueros en el lugar. Yo recuerdo vagamente haberlos visto desde un autobús camino a Puebla.

Nuestros peluqueros de paisaje actuales

Afortunadamente la tradición de las peluquerías y las estéticas en la vía pública ha perdurado hasta nuestros días y en la actualidad se pueden encontrar algunas en las colonias Doctores, Juárez, Centro, la Merced y en las afueras del metro Tacuba, tanto en la plaza como abajo del puente peatonal.

peluquerías paisaje

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Estética Irma

Irma, por ejemplo, tiene una estética en un puesto fijo ubicado en Arcos de Belén y Luis Moya, muy cerca del metro Balderas. Su local de acero inoxidable parece un puesto de tortas y está medio abierto y medio cerrado: tiene unas ventanitas de vidrio y dos puertas para que entren y salgan sus clientes. Refiriéndose a los famosos peluqueros al aire libre de Zaragoza, me dice con humor: “los clientes me han dicho que aquí es como de medio paisaje porque mi local está cerrado y no hay mucha vista”. Nos cuenta que lleva 11 años en este lugar y que el puesto no es suyo, que les paga una renta a los verdaderos dueños, unos invidentes. Muy enfática afirma: “contrariamente a lo que se dice, yo sí pago renta y también luz, por sí alguien piensa que me cuelgo”. Aunque estudió su oficio desde muy chica, fue ya de grande cuando decidió poner su propio negocio. Comenzó con un puesto que armaba in situ y después consiguió este puesto fijo. Hoy en día recibe clientes de todas las edades y cobra 60 pesos por corte. Cuenta que trabajar en la calle es agradable pero que a veces tienes que lidiar “con los de vía pública y con el gremio de Alejandra Barrios”. También afirma que es un problema “lo del baño y el agua, pero a todo se acostumbra uno”. Al final agrega, “lo bueno es que tenemos trabajo”.

peluquerías paisaje

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Ante la discriminación y criminalización a la que están sujetos los trabajadores de la calle, en México resulta necesario aprender a valorar al comercio informal, especialmente porque representa el pan de cada día de miles de ciudadanos que han sido despreciados por el sistema: indígenas, gentes sin estudios, inmigrantes, niños de la calle. En un país con tantas desigualdades, no todos los ciudadanos pueden tener un empleo formal, una empresa y pagar impuestos. Por lo tanto, hay que respetar a los que deciden o se ven obligados a trabajar en la calle y hay que preservar las tradiciones que de allí emanan: a los organilleros, camoteros, globeros, churreros y sí, a los peluqueros ambulantes.

 

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