En una escena de Los Olvidados, Jaibo roba un cuchillo de una afiladuría. El momento es brevísimo pero dispara una suerte de “inicio del fin” en la trama. Luis Buñuel pasó a la historia con esa película llena de escenarios de una Ciudad de México que ya no existe. Aunque hay cosas que no lava el tiempo, afortunadamente, y la Afiladuría Leura, de Los Olvidados, sigue casi intacta y casi en el mismo sitio desde entonces.

afiladuria leura

Afiladuría Leura empezó en 1890 en Puente de Peredo, en el Centro Histórico, y permaneció ahí unos 40 años. Hoy está sobre la calle López y es atendida por la cuarta generación de los Leura, Iván y Martín. Los hermanos son bisnietos del fundador y continúan la tradición del afilado, con todas sus extrañas connotaciones.

Uno conoce a los que afilan cuchillos en las esquinas, con su rueda bien engrasada de bicicleta y su silbido de anuncio. Pero dice Iván que en el mundo del afilado, eso es apenas arañar la superficie. Al parecer, el espacio de objetos a los que sacarle filo es vasto.

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En el local verde y amarillo, con luz blanca –de quirófano– la máquina no para. Tampoco el ruido punzante del metal o las entradas y salidas de los clientes, cada uno con una petición más extraña que el anterior. Afiladuría Leura afila desde instrumentos de microcirugía hasta cortadores industriales para tela. Brocas para abrir cráneos, sierras para las autopsias, tijeras para cabello o cuchillos para carne.

A la calle López llega un grupo variopinto de parroquianos. Afilan los cuchillos de los restaurantes de Polanco y los de las fondas de las señoras del Centro. Las tijeras de las estéticas en Tepito o Condesa. “Aquí vienen desde un albañil a afilar sus cosas hasta una señora que vive en Las Lomas”.

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Sus clientes importantes son los periódicos, como El Universal, que les llevan los filos que ocupan para cortar al hilo los mil periódicos que imprimen diario. Del Seguro Social y el ISSSTE con instrumentos para las cirugías; de las fábricas de tela con tijeras afiladísimas para tejidos. En el local hay máquinas para todo: cuchillos, sierras, para hacer dientes, brocas…

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Además de encargarse de mantener el filo de lo existente, Afiladuría Leura vende tijeras, cuchillos, sierras y navajas. Hay tijeras de 20 mil o 30 mil pesos; todo va por calidades. “Depende lo que me pidan –dice Iván– tengo para todo”.

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