La diminuta biblioteca de la Central de Abasto: la Gregorio Samsa

Si la Central de Abasto es casi una ciudad, era inevitable que tuviera una biblioteca. Y aunque ésta solo cuenta con 500 ejemplares, es aquí donde comerciantes y clientes pueden obtener un título con la única condición de comprometerse a leerlo en el plazo de 10 días.

La Central de Abasto vive en la madrugada, su apogeo es a las 4 de la mañana. Después de medio día, los comerciantes saben que pueden relajarse y disfrutar de un buen refresco en medio de la nueva exposición mural que acaban de recibir. Algunos de ellos, los más curiosos, dejan su estación de trabajo y se dirigen a la intersección entre la I y la J donde está la Biblioteca Gregorio Samsa, en el local 73.

Esta minibiblioteca, albergada en cajas y huacales frente a un puesto de frutas, lleva más de 3 años en funcionamiento y su catálogo –porque tiene un inventario– es bien conocido por comerciantes y clientes frecuentes. Verónica Tentle, una de las fundadoras, señala que allí llega todo el que quiere que su cabeza viaje a otros mundos fuera de la Central.

biblioteca central abasto

Ella y sus hermanos son los que manejan la Gregorio Samsa, que alude al personaje principal de La metamorfosis de Kafka. Gregorio Samsa, al igual que la familia Tentle, era comerciante, por eso eligieron el nombre. Además, uno de los Tentle se llama Gregorio.

Los Tentle devoran libros, en especial novelas latinoamericanas con las que se sienten identificados, como Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco o La cresta de Ilión de Cristina Rivera Garza. A Juan Montellanos, trabajador del local 73, le gustan más los libros de aventura, novelas que lo transporten y le hagan sentirse parte de una hazaña (entre los títulos de aventura encontramos Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne, y Colmillo Blanco, de Jack London).

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El señor Montellanos, por ejemplo, veía la lectura como algo completamente alejado de su día a día hasta que llegó a trabajar con los Tentle. Su primer libro fue Papillon, del francés Henri Charrière, y a partir de ahí no ha dejado de leer. “Uno por semana, mínimo”, dice emocionado mientras despacha a una señora y saca los huacales en los que se encuentran los ejemplares. Tienen alrededor de 500 títulos y todos han sido donaciones. En el catálogo se encuentran libros como:

El Necronomicón de H.P. Lovecraft
La metamorfosis y otros cuentos de Franz Kafka (obvio)
Noticias del Imperio de Fernando del paso
El principito de Antoine de Saint Exupery
El dios de las pequeñas cosas de Arundhati Roy
Tlatelolco 1968, Carlos Monsiváis
Armas secretas nazis, Anónimo

Lorena, una clienta frecuente, fue la que les dio la idea de abrir su propia biblioteca. “Siempre nos veía leyendo y nos propuso tener una biblioteca. Ella nos ayudó con todo: el catálogo, la clasificación y la primera donación de 300 libros, hace 3 años”, explica Verónica.

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A los locatarios les emociona la idea de que todos puedan tener acceso a los libros, a cualquiera de ellos. Dentro de la Central de Abasto, la Gregorio Samsa surte el mandado, los pedidos diarios y presta libros sin pedir nada a cambio salvo que los lean (de preferencia en menos de 10 días). Como dice Juan Montellanos: “Si usted quiere un libro, no hay problema, nosotros se lo proporcionamos, pero comprométase a leerlo”.

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