En Azcapotzalco hay un ahuehuete de 728 años que alberga millones de pájaros y cuida a los vecinos

Al fondo de la calle Central está la mágica Plaza de los Ahuehuetes y al centro el inmenso árbol de agua que lleva desde que los tepanecas lo sembraron.

En la poco conocida Plaza de los Ahuehuetes, en Azcapotzalco, está la escuela primaria Sotero Prieto que construyó nada menos que el genial arquitecto y muralista Juan O’Gorman. Por si fuera poco, a un lado hay dos imponentes árboles donde –cuentan los vecinos– viven unos halcones que se le escaparon a un señor y nunca pudo recuperar. La Plaza de los Ahuehuetes continúa con la Parroquia de Santa Catarina Mártir, seguida de la muy querida miscelánea del ahuehuete, que lleva el nombre, al igual que la plaza, de el vecino más viejo y querido de toda la colonia, el monumental ahuehuete que está en el centro. Por las tardes se puede escuchar las voces de los niños corriendo y jugando al avioncito, el arrullo de las palomas y platicas de vecinos que descansan bajo la sombra del bello árbol, y que llevan generaciones haciendo lo mismo.

ahuehuete

Azcapotzalco

Ahuehuete, viejo del agua

La palabra ahuehuete viene del náhuatl que significa viejo del agua. Era el árbol favorito del emperador Tezozómoc porque lo consideraba símbolo de sabiduría y del buen gobernante. Los tepanecas, pueblo prehispánico de origen chichimeca, plantaron este ahuehuete hace más de 700 años en Azcapotzalco cuando se apoderaron del territorio. Lo sembraron allí como homenaje al estado de donde venían: Michoacán.

Los vecinos han tenido que colocar una reja alrededor de su tronco para evitar que lo maltraten. También nos contaron que años atrás cerraron la calle porque pasaban camiones que dañaban al árbol y a sus raíces. Así lo quieren.

Plaza del ahuehuete

ahuehuete

Fuimos a visitar a este ahuehuete se ha cuidado a tantos vecinos, a tantos pájaros y a tantos niños después de la escuela. De ser posible, todos los habitantes de esta ciudad deberíamos ir de vez en cuando a mostrarle respeto y cariño a este árbol y a recordar nuestro pasado guerrero y noble. Por lo demás, la Plaza del Ahuehuete tiene suficientes maravillas para quedarse todo un día, incluyendo una granja, la última que queda en la ciudad.