Son objetos comunes, pero la sensación de orden que ofrecen los calendarios es algo innegable. Nos mantienen al tanto de los días, celebraciones importantes, eventos astronómicos del año y conforme vamos creciendo, nos damos cuenta que estos pósters que penden de las paredes en nuestras casas son también una muestra de gratitud.

La costumbre de regalar calendarios entre diciembre y enero comenzó en el siglo XVIII. A principios de año, muchas personas, especialmente los agricultores compraban almanaques como el del Más Antiguo Galván para poder planear sus tiempos de trabajo. Allí se enteraban de todos los eventos importantes para sus actividades, desde las condiciones climáticas, hasta las posiciones de la luna.

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Foto: Diego Cera para Local.Mx

Esos pequeños libros incluían, entre muchas otras cosas, las noticias más relevantes del año pasado, horóscopos y santorales. Con todo, uno puede deducir que su impresión no era nada barata. Así que los editores vieron la forma de incluir publicidad en las páginas del almanaque. Entre los anuncios más populares estaban los de ungüentos, medicamentos, herramientas y electrodomésticos de novedad.

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Fotos: vía Calendarios Len

Con esos espacios publicitarios, los almanaques se convirtieron en un regalo habitual en los grandes almacenes y farmacias de todo el país. Para darnos una idea de cómo eran esos almanaques, sólo basta con echarle un vistazo al Más Antiguo Galván o al Almanaque Kanin que regalan cada año en la Farmacia París y cuyo tiraje se agota en pocos días.

El nacimiento del calendario publicitario

Aún con la publicidad, la producción de estos librillos era tan cara que tuvieron que buscar una forma más económica de reconocer a sus clientes. Así fue como llegaron los calendarios que todos conocemos, los cuales incluso sirven como un cuadro que engalana —o al menos lo intenta— cualquier habitación, cocina o taller donde esté colgado.

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Foto: Diego Cera para Local.Mx

Cuando no atienden a la imagen morbosa y picaresca de los establecimientos atendidos principalmente por hombres, los calendarios que nos regalan cada año en las tiendas o carnicerías vienen con paisajes generalmente pintados a mano por algún artista emergente. La marca de Calendarios LEN, por ejemplo, contrata diseñadores y pintores emergentes para crear su catálogo de láminas que acompañarán a sus productos que ya no sólo son calendarios, sino también bolsas que decoran usando técnicas tradicionales como la serigrafía.

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Fotos: vía Calendarios Len

Los tiempos cambian y los calendarios también. Si el presupuesto no da para mandar a hacer calendarios, los comerciantes regalan a sus clientes otras cosas. Ya sean utensilios de cocina, dulces o el típico pilón en cualquiera de sus compras, ellos siempre ven el modo de agradecer la fidelidad de sus clientes que, al final, es lo que los saca a flote.

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