Hay que voltear a ver los cables de luz en abril: están las golondrinas

Si uno voltea hacia el cielo durante los primeros días de primavera, puede ver algunas golondrinas rondando por los parques o edificios altos donde anidan.

La primavera no sólo se trata de flores y frutas en abundancia. Si uno mira al cielo puede notar que allí —y en los cables de teléfono— la ciudad también cobra vida. Las golondrinas llegan casi sin avisar, aunque su presencia es notoria conforme avanza la primavera.

Desde los primeros días de abril, en el cielo hay pequeños puntos que hacen remolinos cerca de las terrazas y los balcones de los edificios. Esas son las golondrinas que —como bien dijo Becker— regresan a los mismos balcones donde el año pasado hicieron sus nidos de barro y paja. Además, a estas aves no les basta tener una muy buena memoria, también son muy fieles: cada año regresan a su mismo nido con su mismo compañero. Cuando no encuentran el nido que construyeron, la pareja busca el sitio en donde rompieron el cascarón. Siempre buscan un lugar en el que ya se hayan sentido cómodas.

golondrinas

Como muchas aves migratorias, las golondrinas viajan al norte para reproducirse durante la primavera. En cada migración buscan un clima cálido para empollar o asegurar que los polluelos no morirán de frío durante el invierno. Pero la llegada de las golondrinas en primavera es peculiar.

Durante su migración, los patos y gansos vuelan en parvada para romper las corrientes de aire. Las golondrinas también se mueven en grupo, pero su formación es menos organizada. Ya sea en grandes bandadas o en pequeños grupos, las golondrinas llegan como una mancha que se dispersa a medida que sus miembros encuentran sus nidos o el sitio donde se supone que deberían estar. En caso de que tengan que construir un nido nuevo, buscan espacios húmedos o con fango, que es la base de sus nidos aéreos en forma de canasta.

golondrinas

Aunque no es común verlas volar entre las calles de la ciudad, algunas golondrinas anidan muy cerca de parques y fuentes. Eso sí, siempre adheridas a superficies que les den calor, seguridad contra las lluvias y la privacidad suficiente. Por ello, las paredes de algunas casas son el lugar perfecto para ellas. Se alimentan de toda clase de insectos, sólo dejan libres a los venenosos o los que están armados con aguijones. Por eso les gusta anidar cerca de zonas con plantas o mucha agua. Cuando nacen, las nidadas necesitan comer al menos 1.2 kilos de insectos al día. Eso quiere decir que para tener satisfechos a sus bebés, las golondrinas tienen que alimentarlos hasta 400 veces al día.

Uno no siempre las nota, pero son una mancha tan particular. Hay que voltear a ver los cables de la ciudad en primavera. 

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