Dicen de los cara de niño que tienen pintado en el vientre el rostro del diablo. Que son peligrosos, que muerden y su veneno puede ser letal. Pero no es verdad. Este bicho, de apenas el tamaño de una falange, es artífice del horror en las casas mexicanas y una víctima más –como lo es la palomilla negra– de mitos infundados. Su nombre, bonito como peculiar, viene de su semejanza con la cara de un bebé: su cuerpo es negro con bandas y patas naranjas y su cabeza roja, perfectamente redonda, grande y desproporcionada, con dos ojos diminutos y ovalados.

Los cara de niño son nativos de la costa del Pacífico y el centro de México. Son habitantes comunes de los jardines o parques de la Ciudad de México, por lo que si uno rasca un poco entre la tierra puede encontrar alguno, sobre todo los meses de septiembre a diciembre. Andan entre el suelo húmedo, debajo de la tierra, y salen cuando llueve ya que su pequeño hábitat se inunda.

cara de niño

El Stenopelmatus fuscus es primo de los grillos y los chapulines; juntos pertenecen a la orden Orthoptera. Como ellos, el cara de niño también canta por las noches en busca de pareja, pero su sonido casi no lo podemos escuchar. Este ligero ruido lo provoca el frotamiento de las patas traseras con el vientre.

Una picadura (mordida) de este bicho puede llegar a doler un poco y, en casos extremos, provocar alguna pequeña infección. Pero hasta ahí. Quizás los mitos alrededor del cara de niño vengan del solo hecho de que su apariencia es extraña y recuerda a algo humano (porque hay pocas cosas más ominosas que ver algo de nosotros en otra especie). Por eso los matan. Pero no lo merecen.

https://www.youtube.com/watch?v=m0BRVilCLr8

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