11 hallazgos en El Salado, ese enorme y caótico tianguis en Iztapalapa

Visitar El Salado es una invitación al hallazgo. Fuimos a este tianguis de los miércoles para ver con qué nos topábamos y elegimos esto.

Autor: Ricardo Garza Lau | Fecha 26 julio, 2017

Uno de los tianguis más impresionantes de la ciudad se ubica en el Parque Ecológico El Salado, un terreno al costado de la avenida Ignacio Zaragoza que nunca ha sido ecológico. Allí hubo hierba y cascajo y este tianguis un día a la semana, hasta que el gobierno de la capital construyó el Faro de Oriente. Hoy en día, el tianguis –con más de 40 años– se instala los miércoles alrededor del centro cultural y en las calles aledañas de la colonia Solidaridad, y se extiende hasta Nezahualcóyotl. En este tendedero perpetuo uno encuentra montones de ropa de “paca” (segunda mano), antigüedades, libros, chácharas y chatarra, relojes, perfumes, tenis y ropa nuevecita, autopartes y teléfonos celulares de dudosa procedencia, o sea, robados. Nos dimos una vuelta y estos fueron los objetos (nostálgicos casi todos) que más llamaron nuestra atención.

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Cartucho de Atari

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En 1987 fue lanzado al mercado el Atari XEGS, la tercera generación de la popular consola de videojuegos estadounidense. La versión deluxe incluía la primera pistola para disparar a la pantalla, y uno de los juegos más comunes para usarla fue Bug Hunt, el cartucho que nos encontramos. Por aquellos años, los japoneses de Nintendo lanzaron su Nintendo Entertainment System, que incluía también una pistola y el juego Duck Hunt. Pero matar insectos o patos no fue tan exitoso porque había que conectar el arma a las consolas y traer un cable pegado todo el tiempo, así su vida fue realmente corta, pues para las siguientes versiones este aditamento desapareció.

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Casete pirata de Mercurio

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Hubo una época (en los tiempos de Siempre en Domingo y de Televisa como monopolio de entretenimiento) en que las boybands mexicanas eran la verdadera sensación. Con canciones como “Vuela, vuela”, Magneto fue el primer grupo de pop-baile varonil que arrasó en el país, emulando, en cierta medida, a los puertorriqueños de Menudo. Más tarde surgieron otras agrupaciones como Mercurio, de la cual nos encontramos este par de casetes piratas. ¿Cómo distinguíamos cuando un casete no era original? Por la calidad de la impresión del papel que acompañaba al casete, y porque dicha caja tenía pegado un pequeño holograma que al parecer a los falsificadores les daba flojera imitar. Claramente, este es uno pirata.

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Taxímetro

taxímetro

Además de tazas de baño usadas, otro objeto que abunda en el tianguis son los taxímetros. Quizá el boom de Uber ha hecho que se reduzca la cantidad de taxistas en la ciudad y con ello estos aparatos podrían acabar desechados. Este taxímetro fue fabricado en México y era el típico usado por los taxis de vochito en la ciudad. ¿Se acuerdan cuando todos eran amarillos y luego fueron verdes?, ¿recuerdan el problema que era subir a uno de ellos cuando los pasajeros eran cuatro, y justo el cuarto debía ir sentado en la parte delantera, donde nunca había asiento, y con uno de estos taxímetros al lado de la cabeza?

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Pepsilindros

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Ay, los noventa. Aquella época en que nadie nos decía que el consumo de refresco era dañino para la salud. En esa década uno los compraba -y de dos litros- no sólo por el subidón de azúcar, sino también para poder reunir 10 taparroscas y con sólo 3,500 pesos (de los viejos, claro) adquirir un pepsilindro directo con el camión repartidor. La mayoría de los niños en la primaria llevaban su bebida en estos vasos con impresiones de Bugs Bunny y los Looney Tunes. Y cuando los popotes se llenaban de hongos no quedaba más que juntar otra decena de taparroscas y corretear, una vez más, al chofer de Pepsi.

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Avalancha Apache

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La avalancha, ese trineo tropicalizado en el que los niños de tantas décadas se divirtieron, hoy en día prácticamente ha desaparecido. Pese a la nostalgia, que suele mejorar todo, hay que admitir que tenía varios inconvenientes: si uno quería rodar en línea recta, alguien lo tenía que empujar; al ir a cierta velocidad y dar vuelta, irremediablemente se volteaba; las llantas eran demasiado pequeñas para los baches y el freno era una palanca del lado derecho ubicada bastante lejos del volante, así que uno debía enfocarse o en manejar o en frenar, pero no en ambos a la vez. Por cierto, la marca mexicana Apache sigue existiendo, pero ahora sólo fabrica triciclos.

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View-master

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Los estereoscopios se empezaron a producir comercialmente desde 1939, y en México fueron el juguete obligado para cualquier niño entre los años setenta y noventa. Unos discos con 14 fotogramas eran introducidos en la parte superior y a través del visor podían observarse siete imágenes contrapuestas que generaban un efecto en 3D, casi mágico. El view-master que hallamos debió haberse fabricado antes de 1981, porque después de ese año la empresa que los producía, GAF, vendió esa parte del negocio.

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Tarjeta LAN

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A finales de los noventa lo máximo a lo que uno podía aspirar para navegar en internet eran los 56 kbps que fluían por el cable de la línea telefónica. Imposible olvidar el sonido del módem al conectarse, lo inestable de la conexión o lo frustrante que era descargar una canción vía Napster y que faltando unos cuantos kilobytes se desconectara. Por fortuna, la tecnología avanzó rápido y llegó la banda ancha a través de WiFi. Sin embargo, las laptops de la época no estaban equipadas con receptores wireless, así que había que comprar aparte la tarjeta e introducirla para que captara la señal. Esta es una de esas tarjetas, hoy una chatarra.

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Pasaporte mexicano con visa estadounidense

 

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¿Se han preguntado dónde terminan los pasaportes y demás documentos oficiales que uno pierde o le roban? El tianguis de El Salado es definitivamente uno de esos lugares. Nos topamos con este pasaporte de una mujer que salió varias veces del país y que aún tiene su visa estadounidense pegada. Esperemos ya lo haya reportado. Si no, puede estar tranquila, está en buenas manos, pagamos 20 pesos (sí, mucho) para resguardarlo.

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Guerreros de terracota (artesanía china)

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Seguramente estos dos guerreros de terracota llegaron a México como un souvenir o regalo de alguien que visitó Xian, en China. Quién sabe cuándo y quién sabe cómo pero estos monos alguna vez representaron algo para alguien y hoy se encuentran ahí, degollados, a merced de alguien que los vuelva a apreciar y darles un uso, como tantos objetos en este sumidero de cosas olvidadas. Lo cierto también es que esta preciada artesanía china no es nada barata: los chachareros los vendían a $200 (sin regatear) y en Mercadolibre están a $1500. Claro que con cabeza..

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Publicaciones y comics mexicanos

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En el área de antigüedades y chácharas aún abundan los cómics mexicanos o “autóctonos”, como se les llamaban a estas publicaciones periódicas que desde los 50 hasta mediados de los 80 fueron muy populares y el inicio de moneros como Rius o Jis. Estas publicaciones son, como el periódico, un ritual casi olvidado. Todavía se encuentran de las más famosas como Kalimán, Viruta y Capulina, Hermelinda, Burrerías, el Libro Vaquero, casi todas de ediciones de los 70, hasta otras más raras para niños o publicaciones de amor como Cariño mío que –no hay duda– alegraban poquito a las amas de casa.

En este tianguis, caótico e inacabable, tan lleno de cosas, es inevitable no sentir una extrañeza hacia los objetos, casi tan misteriosos como el tiempo, y hacerse mil preguntas, una tras otra, durante la visita: ¿a dónde va lo que dejamos? ¿cuándo acaba la vida de un objeto? ¿qué pasará si seguimos produciendo tantos objetos?

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Aquí otros hallazgos que hemos encontrado en mercados y tianguis de la ciudad:

1. Tianguis de la Portales

2. Mercado de la Merced

3. La Lagunilla

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