El palacio de la Embajada Rusa en México: historias de aristócratas, comunistas, espías y fantasmas…

Construida en el último año del porfiriato, la mansión de estilo ecléctico inglés que está sobre Circuito Interior guarda muchos secretos entre sus paredes.

La casona sigue en pie desde 1911. Allí está, majestuosa y discreta sobre Circuito Interior, en Avenida José Vasconcelos. Se construyó en el último año del porfiriato y ha sobrevivido a la Revolución Mexicana, a las dos guerras mundiales, a la Guerra Fría, a la caída del muro de Berlín y al neoliberalismo. Y cada día se hace más vieja. Ahora guardias uniformados y cámaras de seguridad custodian lo que conocemos como la casa de la Embajada de la Federación Rusa en México, cuya fachada estilo ecléctico inglés –tan de moda a principios del siglo XX– apenas se alcanza a distinguir tras una fila de árboles.

Historia de la casona, que abarcaba 4 colonias

Su historia comenzó cuando Tacubaya aún era un pueblo rodeado de terrenos despoblados donde las familias ricas de la época construían sus mansiones de descanso. Es más, la Embajada Rusa hoy ocupa el mismo predio en el que estaba la casa grande de la Hacienda Santa Catarina del Arenal (construida en 1610), que se dedicaba a la producción pulquera, pecuaria y frutal, y sus terrenos abarcaban lo que hoy son las colonias Condesa, Hipódromo, Roma y Juárez. En 1704 el conde de Miravalle la adquirió para su esposa y luego se la heredó a Doña María Magdalena Catalina Dávalos Bracamontes y Orozco Espinoza de los Monteros y Castilla, Tercera Condesa de Miravalle, descendiente de Moctezuma y emparentada con Carlos II de España. Ella era famosa “por su belleza, buena educación y talento poético”. Es por ella, de hecho, que a la hacienda se le conocía como “La Condesa”.

embajada rusa

En 1825, la última heredera de los Miravalle vendió la hacienda y para 1869 pasó a ser propiedad de la familia de Vicente Escandón Garmendia. La nieta de don Vicente, Dolores Rubín Escandón, y su esposo Jorge Gómez de Parada, recibieron el viejo casco de la hacienda y sembradíos circundantes como regalo de bodas en 1911.

Gómez de Parada, arquitecto, decidió derribar el antiguo casco colonial del siglo XVI para levantar la mansión que vemos hoy, en forma de H y con dos niveles.

La actual casa de la Embajada de la Federación Rusa en México tiene una entrada principal de 6 columnas dóricas que dan acceso a un amplísimo salón central de doble altura. La iluminación es natural gracias a una cristalera que lo recubre y al centro hay una hermosa escalera de diseño imperial. El matrimonio vivió allí durante los años más violentos de la Revolución y en ese contexto nacieron sus nueve hijos.

Primera embajada de la URSS en el continente americano

En 1922, durante la presidencia de Álvaro Obregón, la familia Gómez de Parada y Rubín se fue a Europa y el palacete se mantuvo cerrado hasta que, por problemas económicos, se la rentaron al gobierno de Brasil para que fuera su embajada. Luego, regresaron a vivir allí por 11 años, pero 1942 se marcharon de nuevo y vendieron la mansión a la Unión Soviética para alojar allí la Embajada de la Unión de las Repúblicas Soviéticas Socialistas en México. Ésta se convierte en la primera embajada de la URSS en el continente americano.

Desde entonces la embajada es motivo de especulaciones. Se cuenta, por ejemplo, que Josef Stalin estableció la sede diplomática en México para proporcionar “cobertura diplomática” a un pequeño y sofisticado grupo de espías que tenían dos misiones principales: liberar a Ramón Mercader de la cárcel de Lecumberri –donde estaba preso después de matar a León Trotsky– y conseguir los secretos del Proyecto Manhattan ––el programa estadounidense para desarrollar y fabricar la primera bomba atómica. La operación de liberar a Mercader fue un fracaso. Sin embargo, la misión de obtener información del Proyecto Manhattan desde la Ciudad de México funcionó perfectamente, tanto que Stalin pudo replicar la bomba atómica en la URSS unos años más tarde.

Operaciones secretas

A partir de la década de los cincuenta, la embajada soviética se convirtió en el centro neurálgico de las operaciones secretas de la KGB, el servicio secreto soviético, en el continente americano. Se dice que varios empleados de la embajada eran agentes encubiertos. Incluso se afirma que allí “se organizó la formación de guerrillas en México para reclutar y enviar a jóvenes estudiantes a la Universidad Patricio Lumumba en Moscú”. El gobierno de México estaba enterado de esto y hubo un tiempo en que se tensaron las relaciones diplomáticas entre ambos países. De hecho el presidente Luis Echeverría ordenó la expulsión de diplomáticos y le exigió a su embajador que abandonara Moscú. Se dice también que la Embajada Soviética era objeto de espionaje por parte de los norteamericanos y de la CIA. Documentos desclasificados revelan que dos presidentes de México, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, recibían órdenes directas de la CIA y que a través de las agencias de seguridad mexicanas mantenían una vigilancia permanente y hasta fotografiaban a quienes ingresaban a la embajada de la URSS. También se especula mucho sobre la cita que tuvo el norteamericano Lee Harvey Oswald en la embajada soviética en 1963 para pedir asilo, dos meses antes de que cometiera (supuestamente) el asesinato de John F. Kennedy. Y así miles de historias más que incluso inspiraron películas de espionaje como The Falcon and the Snowman (1985) con Sean Penn y Tomothy Hutton.

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Embajada de la Federación Rusa

Cuentan también que en 1991, con la disolución de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, se veían salir de la mansión soldados con armas, escudos y banderas soviéticas. La casa pasaría desde ese momento a ser la Embajada de la Federación Rusa y parte del nuevo orden mundial. Sin embargo, la embajada seguiría celebrando los vínculos de amistad entre Rusia y México y continuaría su labor de difundir la visión rusa de la vida y de la historia, que mucha falta nos hace en un mundo dominado por EUA y Europa. Al mismo tiempo, la embajada continúa siendo objeto de polémicas más contemporáneas, dignas de un mundo neoliberal: como la protesta de gays afuera de la embajada en desacuerdo por el trato que reciben los integrantes de la comunidad LGBTTI en Rusia o la manifestación de activistas de Greenpeace y de Amnistía Internacional (AI) frente a la embajada para pedir la liberación de 30 personas detenidas por el gobierno ruso cuando pretendían hacer una protesta pacífica en los mares del Ártico por una perforación para extraer petróleo.

La mayoría de las historias y eventos que ocurren dentro de las paredes de la casa de la Embajada de la Federación Rusa son privados, pero con lo poco que sabemos es suficiente para voltearla a ver siempre que pasemos enfrente.

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